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Jeff Bezos, el genial y aborrecible rostro del capitalismo más salvaje

GenteAutor a de la imagen: Carla Avallone

Jeff Bezos o el capitalismo elevado a la máxima potencia

Jeff Bezos, el genial y aborrecible rostro del capitalismo más salvaje

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Durante mucho tiempo Jeff Bezos se permitió el lujo de ignorar las fuerzas del capitalismo y, sin embargo, es simultáneamente el rostro más odioso del capitalismo que otrora repudió.

Si quisiéramos analizar el trabajo de casi tres décadas de Jeff Bezos al frente de Amazon ahora que ha decido apearse oficialmente de la dirección de la que se jacta de ser una de las empresas más poderosas del mundo, llegaríamos a una sorprendente conclusión. No hay un único Jeff Bezos, hay al menos dos empresarios distintos con este nombre, quizás cuatro o cinco diferentes.

Dependiendo del punto de vista que adoptemos para evaluar el trabajo de Jeff Bezos en los últimos 27 años como «capitán» de Amazon, podríamos adorarlo con suma veneración y también odiarlo con todas nuestras fuerzas, apunta Claus Hulverscheidt en un artículo para Süddeutsche Zeitung.

Es indiscutible en todo caso que Bezos, de 57 años, creó de la nada un imperio que ha cambiado radicalmente la manera en la que compramos y también en la que vivimos.

Hay una foto datada de 1994 en la que el bueno de Bezos posa junto a una pila de libros como si fuera un risueño y humilde librero. Resalta casi increíble, contemplando ahora aquella instantánea, que un aburrido y destartalado garaje (el que regentaba por aquel entonces Bezos) terminaría convirtiéndose en la corporación más importante y probablemente también más innovadora del mundo.

Jeff Bezos en 1994

La historia demuestra que es posible trocarse en insoportablemente rico pertrechado de una buena idea y sin tener que echar el guante a herencias millonarias o robando a diestro y siniestro propiedades públicas como Donald Trump o los oligarcas emanados del postsocialismo.

Genialidad y perversidad capitalista se dan la mano en la figura de Jeff Bezos como empresario

En particular en lo referente al servicio al cliente, Bezos ha sentado estándares por las que debe regirse hoy por hoy toda empresa con el ánimo de apalancarse en el corazoncito del cliente. No hay prácticamente ningún producto que no pueda comprarse en Amazon. Y pedidos que otrora tardaban varios días en llegar al domicilio del comprador se reparten ahora en cuestión de horas.

Además, el servicio de vídeo en streaming de Bezos produce películas y series colmadas de premios, su servicio de computación en la nube es una suerte de archivo de conocimientos de dimensiones planetarias, The Washington Post (que es también propiedad del dueño de Amazon) agasaja a los estadounidenses con periodismo de alta calidad, y sus cohetes espaciales enviarán más pronto que tarde turistas al espacio.

La obsesión con el cliente de Bezos llegó tan lejos que hasta hace no mucho el CEO de Amazon no escuchaba lo que tenían que decirle los mercados financieros, cansados de que su empresa, lastrada por astronómicas inversiones para expandirse, apenas generara beneficios.

Por una parte, Bezos se permitió el lujo de ignorar las fuerzas del capitalismo, y por otra, es simultáneamente el rostro más odioso del capitalismo que otrora repudió.

Desde el punto de vista de empleados y sindicatos, expertos en protección de datos, pequeños retailers, y políticos volcados en problemas de naturaleza social y medioambiental, Jeff Bezos es una figura preñada de iniquidad. A sus ojos, el fundador de Amazon es explotador, evasor de impuestos, generador de ingentes residuos, y destructor de los centros de las ciudades, del pequeño comercio y de la privacidad.

Y semejantes improperios no son en modo alguno inventados. Al fin y al cabo, el fenomenal éxito de Amazon radica en las buenas ideas y la cercanía al cliente, pero también en los salarios vergonzosamente ridículos de cientos de miles de empleados que primero se parten el lomo en sus almacenes y luego son reemplazados vilmente por robots.

¿Podrá zafarse Jeff Bezos algún día de su maléfica sombra para ser simplemente un genio?

En ocasiones casi pareciera que con Amazon ha resucitado una antediluviana forma de capitalismo que parecía haber sido superada con la destrucción de los monopolios del petróleo, el acero y el ferrocarril a principios del siglo XX al otro lado del charco. Una cruenta forma de capitalismo que eleva a los altares al jefe para convertirlo en la persona más rica del mundo y condena a los trabajadores a subsistir con salarios tan diminutos como injustos.

Bezos ha contribuido en muchos sentidos a la desigualdad económica a escala planetaria, la misma que prende la mecha de la frustración y del populismo. Pero su lista de defectos es aún más larga. La empresa que dirige se vale de todo tipo de artimañas para evadir impuestos. Presiona con crueldad y sin aflojar jamás el pulso a fabricantes y proveedores y explota a los pequeños retailers online hurtándoles las ideas y dejándoles en la estacada cuando son víctimas del fraude.

Bezos es la máxima cabeza visible de un monopolio en toda regla en la que ejerce simultáneamente de delantero y de árbitro. Si Mark Zuckerberg tiene el monopolio de los datos, Sundar Pichai el monopolio de la publicidad, y Tim Cook el monopolio de los teléfonos carísimos productos producidos a bajo coste, Jeff Bezos condensa todos los pecados (en muchos sentidos imperdonables) de sus colegas.

Ahora que Bezos se dispone a retirarse de la primera línea y ceder el testigo a otros, algunos podrían argumentar que el CEO de Amazon busca dar brillo y esplendor a su propia imagen, que espera quizás mejorar en calidad de benefactor y aventurero del espacio.

Pero Bezos solo podrá cambiar su reputación si no se operan también algunos cambios en el que constituye su gran legado (Amazon) y su empresa no se limita a posar la mirada única y exclusivamente el cliente sino también en todas la partes afectadas: los trabajadores y los sindicatos, los pequeños retailers y los políticos preocupados por el devenir del sociedad y del medio ambiente. Bezos solamente logrará zafarse de su maléfica sombra, si sus múltiples rostros se amalgaman en un sola faz y esa faz es más justa y benigna de lo que solía ser otrora, concluye Hulverscheidt.

 

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