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La famosa Nutella se queda huérfana de padre: adiós al Willy Wonka de la vida real

NutellaQuien visita por primera vez el municipio piamontés de Alba queda embriagado inevitablemente por las fenomenales fragancias que impregnan esta localidad del norte de Italia: los aromas del chocolate, las avellanas y el caramelo. Estos deliciosos aromas vienen de una fábrica que se ha quedado huérfana de padre este fin de semana. Michele Ferrero, propietario del imperio confitero del mismo nombre, fallecía este sábado a los 89 años en Monte Carlo tras una larga enfermedad.

“Pecados” dulces como los huevos Kinder, los bombones Ferrero Rocher y sobre todo la famosísima Nutella llevan la impronta de este auténtico Willy Wonka de la vida real.

Sin embargo, y pese estar detrás de golosinas tan famosas, Ferrero era un hombre casi invisible. Apenas hay fotos de él y menos aún apariciones públicas y entrevistas. El hermetismo fue siempre la seña de identidad de un hombre que pudo presumir en vida de ser más rico que su acaudalado (y polémico) compatriota Silvio Berlusconi.

No en vano, Michele Ferrero tenía la vitola de ser el hombre más rico de Italia. Y no sólo eso. Ocupaba un honroso puesto número 22 en la lista de los hombres más ricos del mundo de la revista Forbes. Ferrero se las ingenió para convertir la pequeña panadería de su padre en un auténtico imperio con la inestimable ayuda de la que es hoy la auténtica perdición de niños y adultos: la celebérrima crema de chocolate y avellas Nutella.

Ferrero dirigía su empresa como un auténtico patriarca, se encargaba de desarrollar él mismo sus propios productos y demandaba a sus empleados lealtad incondicional. Michele Ferrero fue siempre un jefe con mano dura, pero simultáneamente era muy generoso con quienes tenía a su alrededor. No por casualidad el lema de la Fundación Ferrerro es “lavorare, creare, donare” (trabajar, crear, donar).

Michele Ferrero fue un hombre hecho a sí mismo que trabajaba duro y que aderezaba su trabajo duro con alguna que otra extravagancia que se cuidaba, no obstante, de no compartir nunca en público. Al “cabecilla” de Ferrero le gustaba, por ejemplo, supervisar el emplazamiento de sus productos en los supermercados, a los que acudía siempre de incógnito.

Su hijo Giovanni Ferrero definió un día la dedicación al trabajo de su padre como absolutamente “monástica”. A Michele Ferrero, ferviente católico, nunca le gustó ser una estrella, ni dentro ni fuera de su propia empresa.

Nacido el 26 de abril de 1925 en la región italiana de Dogliani, su padre se mudó poco después a la localidad piamontesa de Alba, donde una fundó una pequeña panadería. En plena Segunda Guerra Mundial, cuando el chocolate escaseaba, a Pietro Ferrero, el padre de Michele Ferrero, no tuvo miedo de experimentar con una crema de chocolate en la que el cacao era reemplazado en parte con avellanas. Y el experimento le salió redondo. El producto, bautizado originalmente con el nombre de “Gianduiot”, se convirtió pronto en todo un éxito, tanto que lo que empezó como una pequeña panadería se transformó en una empresa que empleaba ya a 50 personas.

En 1949 Pietro Ferrero fallecía y su hijo puso toda la carne en el asador para expandir la empresa de su padre. Michele se hizo con su propia flota de camiones, y de la mano de modernas máquinas, se concentró en la producción en masa de dulces decididos a hacer la boca agua de los italianos.

Michele Ferrero tomó las riendas de la empresa de su padre en 1957. Ese mismo año los populares bombones Mon Chéri aterrizaron en el mercado y se convirtieron rápidamente en todo un éxito.

Corría el año 1964 cuando Michele Ferrero tuvo la feliz idea de rebautizar la crema de chocolate y avellanas “Gianduiot” con el nombre de Nutella y de poner en el acento en su salubridad como producto alimenticio, recalcando su alto contenido en leche.

Después vendrían el chocolate Kinder, los caramelos Tic Tac y los bombones Raffaello. Gracias a todos estos productos Ferrero es a día de hoy la empresa más valiosa de toda Italia. La compañía transalpina se embolsó 8.100 millones de euros y obtuvo unos beneficios de casi 800 millones de euros en 2013.

En 1997 Michele Ferrero dejó la dirección de su compañía en manos de sus hijos Giovanni y Pietro. No obstante, la sombra de Michele siguió siendo siempre alargada dentro de su propia empresa, sobre todo después de la trágica y repentina muerte de su hijo Giovanni en 2011.

Muy poco dado a las apariciones públicas, Michele era un auténtico “dios” en los dominios de su propia empresa, donde sus empleados lo veneraban como una auténtica divinidad, una divinidad del dulce.

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