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Mona Simpson rinde homenaje a Steve Jobs : "estaba dispuesto a ser incomprendido"

Mona Simpson rinde homenaje a Steve Jobs : "estaba dispuesto a ser incomprendido"Mona Simpson, escritora y profesora de inglés en la Universidad de California, creció como la hija única de una madre soltera y pobre, que soñaba con conocer a su padre, un inmigrante sirio “parecido a Omar Sharif”, rico y revolucionario, que luchaba por crear un nuevo mundo para el pueblo árabe.

“Toda mi vida esperé a un hombre a quien querer, y que me quisiera. Durante décadas pensé que ese hombre sería mi padre. Cuando tenía 25 años, conocí a ese hombre, y era mi hermano“. Un joven que se puso en contacto con Simpson a través de su abogado, de aspecto árabe y judío, y con un nuevo proyecto entre manos: Apple.

“Quiero contaros algunas cosas que aprendí de Steve, durante tres períodos distintos, a lo largo de los 27 años que le conocí. No son períodos de años, pero estados del ser. Su vida entera. Su enfermedad. Su muerte”, explicaba Simpson en la carta de homenaje que redactó para su conmemoración en la Memorial Church de la Universidad de Stanford el 16 de octubre, y que recoge el New York Times.

Steve trabajaba en lo que le gustaba, y muy duro, asegura, y “nunca se sentía avergonzado de trabajar duro, incluso si los resultados terminaban en fracaso”. Por ello, cuando fue despedido de Apple, a pesar de que la situación fue complicada para Jobs, empezó a trabajar sin descanso en Next.

“La novedad no era el gran valor de Steve. Era la belleza”, apuntó Simpson, y es que era tremendamente leal para ser un innovador. Y no creía en las tendencias o en las modas: “la moda es lo que parece bonito ahora pero luego parece feo; el arte puede ser feo al principio pero se convierte en algo bonito después”, aseguraba Jobs; y es que él “siempre aspiraba a hacer lo bonito para después”, “estaba dispuesto a ser incomprendido”.

“Steve era como una chica por la cantidad de tiempo que pasaba hablando del amor”, recuerda su hermana. “El amor era su virtud suprema, su dios de dioses. Seguía y se preocupaba por las vidas románticas de la gente que trabajaba para él”. Y Jobs también encontró a la mujer que se quedaría a su lado: “es una chica preciosa y es muy inteligente y tiene un perro y me voy a casar con ella”, aseguró Jobs a su hermana el mismo día en que conoció a Laurene, su esposa.

Steve tampoco dejó nunca de aprender. “Una vez me dijo que si hubiera crecido de otra manera, habría sido un matemático”, asegura Simpson. Le encantaba pasearse por el campus de Stanford, y estudió todo tipo de materias, como la historia de las rosas de té inglesas y chinas, o la obra de Mark Rothko, que analizó durante el último año de su vida para encontrar pinturas con las que inspirar a los empleados del nuevo campus de Apple.

Jobs supo como divertirse con sus hijos, con su mujer, con todos los que le rodeaban. “Encerraba la felicidad”, aseguraba Simpson. Pero después se puso enfermo y su vida se redujo a un pequeño círculo y ya ni siquiera los placeres más ordinarios parecían atraerle demasiado. “Lo que me asombró, y lo que aprendí de su enfermedad, era todo lo que quedaba después de que se hubiera ido tanto”.

“Lo intentó. Siempre lo intentó, y siempre con el amor como el centro de ese esfuerzo. Era un hombre intensamente emocional”. Pero, incapaz de soportar el dolor por sí mismo, Jobs se planteaba objetivos a corto plazo: la graduación de su hijo Reed, el viaje a Kyoto de su hija Erin o el estreno de un barco que estuvo construyendo y con el que planteaba llevar a su familia a dar la vuelta al mundo, y donde esperaba retirarse con su mujer Laurene.

Pero a pesar de su enfermedad, “su discriminación y su juicio se quedaron”. Pasó por las manos de 67 enfermeros antes de encontrar esas “almas gemelas” en las que confiar y que se quedaron a su lado hasta el último momento: Tracy, Arturo y Elham.

“Todos, al final, morimos en medio de algo. En la mitad de una historia. De muchas historias”, apuntó Simpson. “Supongo que no es muy acertado llamar la muerte de alguien que vivió con cáncer durante años inesperada, pero la muerte de Steve fue inesperada para nosotros”. Y añadió: “lo que aprendí de la muerte de mi hermano fue el personaje en su esencia: murió tal y como era“.

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