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Por qué Steve Jobs, Bill Gates, Sergey Brin y Larry Page están sobrevalorados

Hace unos cuantos años, cuando el capitalismo y el socialismo competían por dominar el mundo, los más jóvenes de todo el planeta estaban obsesionados con Karl Marx y sus ideas socialistas, y llenaban sus habitaciones, sus clases o la calle de imágenes de Che Guevara o Mao Zedong, banderas rojas y eslóganes anticapitalistas coreados en manifestaciones populares.

Pero hoy en día, bajo el triunfo del capitalismo frente al socialismo, la decadencia del sindicalismo y el renacimiento de nuevas libertades y derechos individuales, las generaciones más jóvenes ya no admiran las ideas y los líderes socialistas. En su lugar, emprendedores como Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Sergey Brin o Larry Page son el nuevo modelo a seguir para las generaciones más jóvenes.

Una admiración que podría estar exagerada. Y es que detrás del éxito de compañías como Apple, Microsoft, Facebook o Google, y otros miles de empresas más, hay mucho más allá del emprendedor individual que la empezó: cientos de miles de emprendedores anónimos que comparten riesgos y recompensas de forma colectiva por el descubrimiento y la explotación de nuevos productos y negocios.

Bill Gates, por sí mismo, no habría podido desarrollar todas las versiones de Windows que han salido al mercado. Tampoco habría tenido la experiencia técnica ni el tiempo necesario para escribir los millones de líneas de código que hacen que nos lleguen imágenes a través de la pantalla de los ordenadores. Y desde luego no habría tenido los conocimientos de marketing necesarios para conseguir que los fabricantes de ordenadores instalaran una copia de su software en casi todos los ordenadores que fabricaban. Algo que también se puede aplicar par Google y Apple.

Para desarrollar y vender los productos que han hecho que Google, Microsoft o Apple sean lo que son, han hecho falta miles de trabajadores, especializados en las distintas áreas de creación y comercialización de un producto tanto dentro como fuera de las compañías. De hecho, se puede entender que cada uno de los miembros de estas compañías, más que parte de una organización jerarquizada, como parte de una iniciativa colectiva. Y es que cada miembro juega un papel distinto en las actividades de una empresa y comparte los riesgos y las recompensas del descubrimiento y explotación de los productos, sea quien sea la cabeza visible de la organización.

 

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