El contenido que no hace feliz al consumidor es malo (sin paños calientes)

contenidoEs si lugar a duda el "palabro" marketero del año. Nos referimos al sacrosanto contenido, que ha hecho correr ríos de tinta (y bits) en el transcurso de los últimos meses en el universo publicitario.

Sobre el contenido se ha dicho y se ha escrito últimamente casi de todo. En torno a él se han desarrollado centenares de teorías que han sido refutadas después por otras teorías.

Sin embargo, y pese a todo lo que se ha polemizado (y se polemizará) sobre el contenido, hay una cosa, bastante sencilla, que a algunos se les ha pasado por alto.

Más allá de si el contenido debe sustituir o no la publicidad de toda la vida, hay que hablar (inevitablemente) de lo que distingue al contenido bueno del malo.

Y el contenido bueno es aquel que procura satisfacción al consumidor, que logra dibujarle una sonrisa en el rostro, explica Timm Weber, director creativo de la agencia Publicis Pixelpark, en un artículo para Horizont.

Buen contenido (de verdad) es aquel que enriquece a quien lo consume, que le proporciona nuevas perspectivas y puntos de vista sobre un tema que le interesa y que logra hacerle simple y llanamente feliz.

Mal contenido es, por el contrario, aquel que defrauda las expectativas del consumidor (al que engaña a menudo de manera rastrera) y que, por lo tanto, le deja insatisfecho y desilusionado.

Distinguir el contenido bueno del que no lo es en realidad es rematadamente fácil, insiste Weber. ¿Hace feliz el contenido al usuario? Entonces es bueno. ¿No le hace feliz? Es malo (por mucho que lleve encima ropajes de calidad).

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