Energía pubescente y estrategia adulta: un dúo ganador en el content marketing

El content marketing, una disciplina impulsada por la salvaje energía de la pubertad

El content marketing debe amalgamar la energía emanada de su propia pubertad y la estrategia (más propia de los adultos) para alcanzar el éxito.

content marketingEs evidente que el content marketing no es un bebé en mantillas, pero es igualmente cierto que tampoco es un adulto hecho y derecho. El marketing de contenidos está a medio camino entre la niñez y la edad adulta. Y no es sino un púber de manual.

Instalado como está en la pubertad, el content marketing está descubriendo sus propias habilidades, experimentando subidas y bajadas emocionales y cuestionado todo lo que sale de boca de los adultos (supuestamente sabios).

Y no es malo en absoluto que el marketing de contenidos sea un adolescente de hormonas más o menos descontroladas. Rebosante de energía absolutamente indómita, el content marketing es un terreno inexplorado con incontables oportunidades para crecer y aprender, explica Karsten Lohmeyer en un artículo para Lead Digital.

¿El problema? Que en el marketing de contenidos entra en juego el dinero del cliente y ese cliente quiere lógicamente ver dinero contante y sonante sobre la mesa (más allá de muchos experimentos).

De todos modos, la eficacia del content marketing no está lastrada en absoluto por la calidad de púber de esta disciplina y de sus intrépidas ganas de experimentar (que son, de hecho, una de sus mayores fortalezas). Lo que de verdad lastra al marketing de contenidos es implementarlo sin estrategia y aproximarse a esta disciplina como si estuviera encarcelada en una suerte de silo (absolutamente infranqueable).

Para dar muestra de su eficacia el content marketing necesita aprovisionarse de un enfoque estratégico que ancle esta disciplina firmemente en los cimientos de las empresas para convertirse en parte de su ecosistema.

La estrategia (esa que tantísimos marcas se dejan en el tintero cuando se aproximan al marketing de contenidos) incluye el reclutamiento y la formación de personal adecuado y el establecimiento de procesos que den alas a la colaboración.

Cabalgando a lomos de la estrategia adecuada (y definiendo objetivos con prístina claridad), el content marketing, haciendo gala de la pubertad que corre a raudales por sus venas, puede y debe sacar todo su jugo a su afán de experimentación.

Como cualquier otra disciplina marketing, el content marketing necesita apoyarse en mentes creativas con suficiente libertad para alumbrar contenido absolutamente mágico. Y la estrategia de encarga de poner límites (absolutamente necesarios) a la pubescente energía que bulle en las entrañas del marketing de contenidos y que espolea el crecimiento (convenientemente controlado) de esta disciplina, concluye Lohmeyer.

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