Marketing

3 cosas que David puede aprender (en términos "marketeros") de Goliat

davidEl universo "marketero" está plagado de players pequeños (pero "matones") que miran con más desdén que admiración a los gigantes (a menudo lentos y torpes) que se desenvuelven en su mismo terreno.

Se supone que esos pequeños players son dueños de una innovación arrolladora que deja a la altura del betún a la de sus rivales más grandes, dormidos desde hace años en los laureles (de la creatividad).

¿Tiene sentido que las nuevas y florecientes startups miren por encima del hombro a las grandes corporaciones? Hasta cierto punto sí, pero en el fondo no. ¿Por qué? Porque del titánico Goliat el pequeño (pero sagaz) David tiene mucho que aprender en términos "marketeros".

A continuación, y de la mano de Inc., repasamos las enseñanzas “marketeras” que David puede aprender de Goliat:

1. Los “insights” importan más que las ideas
Las grandes corporaciones saben que ideas inteligentes hay en realidad por doquier y que lo que de verdad da brío a sus cuentas empresariales son los “insights” sobre el consumidor. Lejos de obsesionarse con alumbrar centenares y centenares de ideas de nueva hornada (que quizás no les llevarán a ninguna parte), los Goliats del universo “marketero” se preocupan sobre todo y ante todo de conocer como la palma de su mano a sus clientes.

2. Los “superhéroes” están sobrevalorados
La startups y empresas de nueva creación están habitualmente cegadas por los “superhéroes”, a los que quieren reclutar a toda costa y que son más escasos (y más caros) de lo que parece a simple vista. Las grandes empresas no tienen, por el contrario, en un altar a los “superhéroes (saben que no tiene sentido tenerlos en tan alta estima) y saben que, aprovisionados de buenas estrategias, procesos y tecnologías, los empleados “normales” (y sin ningún tipo de “superpoder”) pueden acabar siendo tan eficaces como los Supermanes y Batmans del mundo “marketero”.

3. Decir “no” es muy saludable
Los emprendedores dicen “sí” a todo lo que se les ponga por delante (aun a sabiendas de que les costará muy probablemente mantener la promesa) y se ponen muy a menudo contra las cuerdas por su miedo a responder con una negativa en lugar de con una afirmación. David es así, no puede evitar decir a todo que “sí”, todo lo contrario a Goliat, que es un maestro diciendo “no” y debe precisamente su fortaleza a su capacidad para escoger lo que no va hacer (y lo que sí).

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