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3 lecciones marketeras de la traumática muerte de la marca #Brangelina

brangelinaEl divorcio de Angelina Jolie y Brad Pitt ha regalado un auténtico bombazo a la prensa del corazón, que se está relamiendo en estos momentos con los miserias conyugales de estos dos grandes de Hollywood.

La fábrica de chismes generados en torno al que algunos han dado en bautizar como #Brangelexit trabaja sin parar y está triturando vivo sobre todo y ante todo a Brad Pitt, al que le están lloviendo en los últimas horas acusaciones de infidelidades, de consumo de drogas, de alcoholismo e incluso de violencia hacia sus propios hijos.

Pitt, que era hasta hace no mucho el chico de oro del Hollywood, se ha convertido de la noche a la mañana en una suerte de monstruo.

Al actor su divorcio de Angelina Jolie le ha pillado con la guardia baja y se ha convertido de repente (y quizás sin comerlo ni beberlo) en el malo de una película en la que probablemente ni los buenos sean tan buenos ni los malos sean tan malos.

Mientras Jolie está arropada en estos momentos por un auténtico ejército de abogados que velan por sus intereses, Pitt está solo (y posiblemente también tocado y hundido).

Puede que no lo parezca a simple vista pero lo cierto es que la sonada y traumática muerte de la marca “Brangelina” encierra en sus entrañas algunas y valiosísimas lecciones marketeras. Mirko Kaminski las desmenuza a continuación en un artículo para Horizont:

1. La ingenuidad hace vulnerables a las marcas
Brad Pitt ha vivido 12 años de pura (y supuesta) felicidad conyugal y familiar al lado de Angelina Jolie. Durante los últimos 12 años Pitt ha tocado el cielo (sin nubes) de la dicha y la buena fortuna. Y no se esperaba quizás que pudiera desencadenarse de repente sobre su cabeza una tormenta de rayos y truenos en forma de divorcio. A muchas marcas les pasa lo mismo que a Pitt, les va bien (o piensan que les va bien) y no se toman la molestia de prepararse para épocas de vacas flacas. Craso error. Porque las crisis, tanto las personales como las empresariales, aguardan impacientes a la vuelta de la esquina y hay que armarse hasta los dientes para enfrentarse a ellas con garantías. A las marcas que no se preparan para eventuales crisis les pasa como a Brad Pitt, que se quedan noqueadas, paralizadas y mudas.

2. No hay que perder de vista a los “reputation snipers” contratados por la competencia
Todas, absolutamente todas las marcas, guardan algún que otro esqueleto en el armario. De hecho, en Estados Unidos hay una profesión, la de “reputation sniper”, especializada en resquebrajar deliberadamente la reputación de las empresas. Los temidos “reputation snipers” son contratados por empresas que quieren hacer pupa a sus competidores sin “mancharse las manos de sangre”. Para enfrentarse a los ataques de los “reputation snipers”, que quizás se estén cebando en estos momentos también con Brad Pitt, hay que conocerlos al dedillo, estudiar sus estrategias y movimientos y pertrecharse de armas para resistir sus embistes.

3. Cuando la cosa se pone fea, hay que buscar (desesperadamente) apoyos
Enfrentadas a una crisis de imagen, las marcas deben evaluar cuidadosamente el lugar del crimen, analizar los daños, identificar el foco del incendio (reputacional) y también buscar apoyos y alianzas. No como Brad Pitt, que está (por el momento) más solo que la una para hacer frente a los destrozos que ha dejado a su paso el huracán “Brangelexit”.

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