Marketing

5 razones por las que el influencer marketing apesta a veces como una mofeta

mofetaA algunos marketeros se les llena la boca hablando de los prodigios del influencer marketing. Sin embargo, ¿es de verdad oro todo lo que reluce en la disciplina marketera de moda? Lo cierto es que no (o al menos no siempre).

Por mucho que tenga enamorados hasta las trancas a tantísimos marketeros, hay varios motivos por lo que el influencer marketing huele (a veces) a chamusquina y Sebastian Blum los desgrana a continuación en un artículo para W&V:

1. A todo el mundo le gusta ser influencer (de medio pelo)
Antaño cuando los padres preguntaban a sus hijos lo que querían ser de mayores, la mayoría se descolgaba con las respuestas típicas: futbolista, princesa, maestra, estrella del rock, etc. Hoy en día las cosas han cambiado y los retoños (y sus orgullosos padres) aspiran sobre todo y ante todo a convertirse en youtubers. ¿El problema? Que no todos los jóvenes decididos a ganarse la vida como influencers tienen realmente el talento para ello y, en su afán por tirar la caña a las marcas, hacen a éstas a veces un flaco favor con su publicidad gratis. Basta echar un vistazo a este extravagante vídeo para constatar esta información:

2. El influencer marketing es sinónimo en ocasiones de publicidad encubierta
En una era publicitaria marcada por los omnipresentes ad blockers el influencer marketing parece una suerte de prodigio para conectar de manera efectiva con los consumidores más jóvenes. ¿El problema? Que el influencer marketing es en ocasiones publicidad encubierta que juega deliberadamente a tomar el pelo al consumidor. Y la publicidad encubierta, esa que tanto practican algunos influencers, es perjudicial tanto para el que la hace como para el que la paga.

3. El influencer marketing no hace milagros
El influencer marketing no obra milagros (o no lo hace al menos en todos los contextos posibles). Cuando las marcas se empeñan en colgarse del brazo de influencers que poco o nada tienen que ver con ellas y su propia naturaleza, el emparejamiento resulta forzado y el espectador lo nota inevitablemente (para mal).

4. Los influencers son a veces criaturas veleidosas
La presión con la que tienen que lidiar los influencers, rodeados muy a menudo de fans incondicionales pero también de “haters”, es tremenda. De hecho, muchos no la soportan, y hartos del “mobbing” al que son sometidos día sí y día no en la Web Social, caen a menudo en la tentación de cerrar sus perfiles 2.0 (y dejar de paso plantadas a las marcas). Es lo que hizo hace el mes pasado, por ejemplo, Justin Bieber, que decidió cerrar de la noche a la mañana su cuenta en Instagram.

5. Algunos influencers infringen más daños que beneficios a las marcas con las que trabajan
En ocasiones los influencers, presas quizás de la presión que pesa sobre ellos, pierden los papeles y ponen en durísimos bretes a las marcas que colaboran con ellos. Así lo demuestra, por ejemplo, el reciente caso del youtuber JPelirrojo, que tras publicar un controvertido mensaje en Twitter desencadenó un boicot contra Nestlé, marca con la que éste colaboraba.

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