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Así es la publicidad que quiso ser tan alta como la Luna (pero no dio la talla)

lunaHoy en día parece que la industria publicitaria no tiene límites y es que, cada vez surgen mayores y nuevas iniciativas que nos dejan a todos sorprendidos por su innovación y originalidad.

Y es que, en un mundo en el que la saturación de mensajes es elevada y la atención es escasa, la diferenciación es la clave del éxito.

Y eso es lo que quiso hacer la compañía Space Marketing en 1993, marcar un antes y un después en el mundo marketero siendo los primeros en llevar la publicidad al espacio. Sí, ha leído bien.

El proyecto tuvo dos oportunidades para hacerse realidad. La primera, cuando Columbia Pictures contrató sus servicios por 500.000 dólares para colocar un cartel de su nueva película en un cohete espacial. Sin embargo, nunca llegó a despegar.

El segundo intento fue incluso más ambicioso (e igualmente fallido) pues se trataba de colocar una inmensa valla en la órbita baja terrestre, un lugar que permitiría la perfecta visión de la publicidad desde la Tierra sin necesidad de utilizar telescopio.

Sin duda se postuló como una de las mejores oportunidades para los marketeros que podrían colocar sus mensajes antes miles de millones de consumidores.

Eso sí, debían romper la hucha para conseguirlo pues, costaba entre 20 y 30 millones de dólares que algunos estaban dispuestos a pagar.

La iniciativa no tardó en levantar ampollas y las voces más críticas lo tachaban de contaminación medioambiental asegurando que causaba obstrucción a la observación astronómica.

Así, la idea sufrió numerosos cambios de características técnicas que incluso llegaron a presentarse como una oportunidad científica gracias a las funcionalidades que podría incorporar.

Y fueron precisamente, estas idas y venidas las que acabaron por enterrar el proyecto poco tiempo después. La falta de financiación y la escasa viabilidad de la valla que, según los expertos, recibiría cada día 10.000 impactos de residuos espaciales.

Aunque el proyecto no llegó a hacerse realidad, sí despertó un intenso debate en la sociedad y la clase política y muchos defendían la necesidad de legislar para proteger uno de los pocos lugares que permanecen ajenos a la avaricia marketera.

Y así lo hizo EEUU que prohíbe expresamente la colocación de publicidad en el espacio aunque, a nivel general, la regulación en este campo sigue siendo algo ambigua.

Pero aunque la idea de llevar a las marcas al espacio puede ser para muchos un imposible, solo hace falta remontarnos al año 2012 para comprobar que la publicidad no tiene límites. Acuérdese de Red Bull, responsable del primer «hombre-anuncio» Félix Baumgartner (sí, el de la estratosfera). ¿Qué será lo próximo?

 

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