Marketing

Así pueden las marcas ayudar a sus clientes a buscar el sentido de la vida

En busca del sentido de la vida: 3 "pistas" marketeras para dar con su paradero

Cuando el consumidor sale en busca del sentido de la vida (más en boga que nunca en tiempos de coronavirus), anhela fundamentalmente 3 cosas.

sentido de la vida

Autor de la imagen: Muhammed Sajid

Solapada a la felicidad hay una paradoja: la gente busca denodadamente la felicidad, pero su búsqueda parece tornarse invariablemente infructuosa. Se supone que sabemos cómo ser felices. La cultura occidental pivota, al fin y al cabo, en torno al concepto de felicidad. Sin embargo, invertimos tiempo y dinero a manos llenas para tomarnos de bruces con una felicidad (jamás plena) que se nos escapa inevitablemente entre los dedos.

Y mientras tanto la soledad y desórdenes psicológicos como la depresión y el "burnout" no paran de pegar el estirón. ¿Cómo es posible que, aun persiguiendo tan activamente la felicidad, la gente no consiga ser más feliz?

Para responder adecuadamente a esta pregunta debemos dar cuenta de un cambio en absoluto baladí: el deseo que otrora tenían las personas de aspirar a una vida preñada de felicidad ha acabado trocándose en el deseo por encontrar el sentido de la vida.

Si utilizamos como faro a los filósofos clásicos, la felicidad no es otra cosa que la "hedonia" de los griegos y de su vientre emergen momentos hermosos y buenos sentimientos. El sentido, por su parte, está emparentado con el concepto griego de "eudaimonia", que consiste que dar lo mejor de uno mismo.

Llevado al siglo XXI, este último concepto consiste en poner el foco en aquello que verdaderamente importa y en dar un sentido a nuestra existencia.

Entre el concepto de felicidad y el concepto de sentido existen diferencias y existen igualmente similitudes. La mayor diferencia entre ambos atañe a la satisfacción a largo plazo. Porque la satisfacción emanada del sentido ("eudaimonia") se dilata mucho más en el tiempo que aquella que emerge de la felicidad ("hedonia").

Esta es la razón por la que la gente busca el sentido de la vida más allá de conformarse con pequeños (y por ende, efímeros) momentos de felicidad.

Si aplicamos ambos conceptos a las marcas, aquellas que enarbolan la bandera del sentido de la vida, buscan construir relaciones a largo plazo con sus clientes, mientras que las que están enfocadas la felicidad añaden valor a la vida del consumidor solo a corto plazo. ¿La moraleja? Que si las marcas desean ser relevantes durante más tiempo, harían bien en colgarse del brazo del concepto de "eudaimonia" a fin de ayudar al consumidor a procurar verdadero sentido a su vida a largo plazo.

Cuando el consumidor sale en busca del sentido de la vida (más en boga que nunca en tiempos de coronavirus), anhela fundamentalmente 3 cosas, las que diseccionan TrendsActive y BrandTrust en el informe TrenReport 2020 y que recoge a continuación W&V:

1. Bienestar espiritual

El bienestar en el plano espiritual se traduce en un vida más llena de sentido, más comprometida y más productiva. Ungidos con una dosis de bienestar espiritual, podemos además lidiar mejor con los problemas y ganamos en resiliencia. Todo esto no hace sino empoderarnos y nos ayuda a convertirnos en mejores personas.

Sin embargo, y pese a la importancia que tiene en nuestras vidas el bienestar espiritual, ese bienestar está a merced de no pocos óbices. No en vano, la OMS pronostica que en 2030 la depresión será la enfermedad más común en todo el mundo.

Las marcas que deseen contribuir activamente al bienestar espiritual de sus clientes deben primero entender que la gente necesita apoyarse en suficiente capital espiritual para alcanzar lo que los sociólogos definen como "éxito".

Puesto el coronavirus no ha hecho sino devaluar aún más la salud mental de la gente, las marcas deben en estos momentos desarrollar estrategias adecuadas para ayudar a sus clientes para seguir la pista al a menudo escurridizo sentido de la vida.

2. Relaciones sociales

Para dar con el sentido de la vida necesitamos entablar contacto con las personas que nos rodean. Son esas relaciones las que en último término hacen anidar en nosotros un sentimiento de pertenencia.

Ahora que el COVID-19 no ha forzado a separarnos, reconocemos lo importantes que son las conexiones sociales, esas que antes dábamos quizás por sentadas.

En vista de la importancia de la relaciones sociales, las marcas deben tratar de promoverlas. Y no solo en tiempos de coronavirus. Parece, al fin y al cabo, que la distancia social echará raíces profundísimas en nuestras vidas (y no nos libraremos de ella hasta que hallen una vacuna eficaz para contener la pandemia).

Leffe, una marca belga de cerveza, se empeñó, por ejemplo, en su día unir a las regiones de Flandes y Valonia. ¿Cómo? Construyendo una terraza integrada por 1.000 mesas en la frontera entre ambas regiones y animando a valones y flamencos a dejar sus diferencias al margen (que lamentablemente van mucho más allá de lo meramente lingüístico).

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3. Trascendencia

Cuando alguien se siente parte de todo mucho más grande, hablamos de trascendencia. Con la transcendencia podemos toparnos de bruces al dar un paseo por la naturaleza, al contemplar una inspiradora obra de arte o al escuchar con suma concentración un concierto. Tales experiencias pueden engendrar relaciones emocionales extraordinariamente profundas con lo inmaterial. Y tales experiencias son una suerte de brújula para manejarse en un mundo entreverado de complejidad.

Las marcas que brindan experiencias trascendentes a sus clientes (esenciales para llevar una buena vida) establecen relaciones más profundas con su público objetivo (tanto online como offline).

El éxito global de Rituals echa anclas, por ejemplo, en una amalgama de espiritualidad, misticismo y estética que la marca no solo transmite adecuadamente a sus clientes en su marketing y publicidad sino que se toma la molestia de vivir en primer persona.

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