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Lo que los CMOs pueden aprender del polivalente Leonardo da Vinci

MarketingDel insigne Leonardo Da Vinci los marketeros tienen mucho que aprender

Las lecciones de Leonardo Da Vinci para los CMOs

Lo que los CMOs pueden aprender del polivalente Leonardo da Vinci

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Muchas de las reflexiones de Leonardo Da Vinci resultan extraordinariamente valiosas a día de hoy para los CMOs.

Resulta difícil contabilizar el elevado número de dibujos y de textos manuscritos por el prolífico Leonardo Da Vinci. Se estima que la obra del insigne polímata italiano estaría integrada por entre 20.000 y 28.000 páginas.

En sus manuscritos Da Vinci reflexiona sobre toda una plétora de temas, desde la filosofía a la geología. Y no lo parece, pero muchas de sus observaciones resultan extraordinariamente valiosas a día de hoy para los CMOs, demostrando que, pese a los frenéticos cambios operados en los últimos años por la tecnología digital, hay algunas constantes inalterables en la naturaleza humana.

Paul Talbot disecciona en un artículo para Forbes algunos pensamientos de Da Vinci que los directores de marketing deberían hacer suyos:

1. «Las lágrimas vienen del corazón y no del cerebro»

Esta frase recuerda a los CMOs que, independientemente del producto o el servicio que van a vender o de lo informado o sofisticado que sea el comprador, a la hora de la verdad todos tomamos nuestras decisiones de compra de manera emocional, no racional.

Por esta razón los directores de marketing deberían poner siempre de relieve la razón emocional para pasar a la acción y apoyar ese mensaje emocional con uno o dos hechos de naturaleza racional que sirvan de contrapeso a las emociones.

Invertir este orden puede arruinar por completo el impacto persuasivo de los mensajes de los CMOs.

Es importante asimismo que el contenido nacido del vientre del marketing sea lo más simple posible. Es mejor no colocar bajo los focos múltiples beneficios complejos de manera simultánea y vender una única cosa a la vez.

Las frases y los párrafos deberían ser asimismo breves e ir al grano. Y los titulares deberían enfocarse a un único mensaje para capturar la atención del cliente.

2. «El mayor engaño que padecen los hombres es el de sus propias opiniones»

El diluvio de datos que afrontan en su día a día los marketeros no merma necesariamente los peligros de las asunciones. Al fin y al cabo, la interpretación y el análisis de los datos siguen siendo fuertemente deudores de la opinión.

En los procesos de marketing salen a flote de manera inevitablemente las opiniones, en particular en lo referente a las estrategias.

El trabajo del marketing no es otro que canalizar deseos ya existentes en el consumidor hacia un producto en particular. Y ese proceso se inicia a menudo de manera mucho más exitosa si colocamos bajo las focos la opinión del cliente que si tratamos de trasplantar en él una nueva opinión.

Una vez hayamos tengamos claro cuál es la opinión del cliente, es el momento de animarle a tomar en cuenta los méritos de un producto en particular y en el mejor de los casos instarle a pasar a la acción.

3. «Toda acción necesita ser propulsada por un motivo»

El marketing cambió para siempre cuando John E. Kennedy popularizó en el concepto de «reason why» en la publicidad hace más de una siglo.

En este sentido, a la hora de presentar un beneficio tiene que haber una razón que lo soporte.

Y debe existir asimismo un motivo en el tipo de respuesta que se solicita al cliente. El trabajo de los marketeros es ayudar al cliente a entender por qué emprender una acción específica resulta lo más sensato.

Leonardo Da Vinci era perfectamente consciente de esta circunstancia y por eso vendió exitosamente sus servicios a patrones como los Médici, Cesare Borgia y rey Francisco I de Francia.

 

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