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MarketingEl cielo se vislumbra desde el interior de un edificio

Así será el futuro según Michael Simmons

Competencia extrema y ansiedad: El futuro no es como nos habían prometido las películas

Creíamos que habría coches voladores y ropa holográfica por doquier, pero el futuro es una carrera infinita y agotadora. Lo peor es que la velocidad a la que avanza todo va a incrementar.

El futuro no es como nos lo pintaban en las películas, con coches voladores, ropa holográfica o viajes en el tiempo. Avances tecnológicos hay, por supuesto. El problema es que ese rápido recorrido conlleva consigo otros aspectos que no son tan molones y de los que no nos avisaron Marty McFly y Doc.

Los constantes cambios nos obligan a adaptarnos a la misma velocidad si no queremos quedarnos atrás, lo que nos conduce a un estado de ansiedad vital continuo que no nos deja frenar en ningún momento. Pero si creíamos que la realidad era exigente, Michael Simmons, que se dedica a enseñar técnicas de aprendizaje, se ha encargado de analizar cómo de rápido va a cambiar el mundo en los próximos diez años en el portal Medium.

“En lugar de vivir en un mundo de riqueza, estamos viviendo en un mundo de pobreza temporal. En lugar de sentir el lujo de la libertad del tiempo, sentimos la carga de la prisa constante”, asegura en su artículo.

La pescadilla que se muerde la cola: Una competencia eterna y extrema

Al igual que los conejos desarrollaron unas orejas más grandes para poder oír mejor a sus depredadores y los zorros piernas más largas para dar caza a sus presas, los humanos nos pasamos la existencia profesional en una carrera que no tiene fin.

No vale con que haya innovación, porque una vez que una empresa lanza una iniciativa disruptiva al mercado, el resto de compañías tienen que superar este hito. Por decirlo de algún modo, la evolución es necesaria para la supervivencia, pero incrementa al mismo tiempo la competitividad, lo que reduce las posibilidades de destacar.

Los humanos competimos por todo: inversores, trabajadores, productos, servicios, o incluso con la inteligencia artificial y las máquinas en general, entre otros. La globalización y el fácil acceso a cualquier cultura a través de las redes sociales hace que no solamente tengamos que medirnos a nivel local, sino también con los mejores del mundo.

Este sprint por ser los mejores tiene su parte buena y mala. La buena la encontramos desde la perspectiva del consumidor, quien ve cómo sus necesidades se ven más que satisfechas. Sin embargo, el lado del trabajador no es tan bonito porque siempre hay una amenaza al acecho.

La velocidad a la que avanzamos va a ser todavía mayor en el futuro

Si a esto le sumamos un 2020 en el que se han condensado hechos históricos como la pandemia, sentirse abrumado es inevitable. Según Simmons, la realidad todavía va a ir más rápido. “Dentro de 20 años, la tasa de cambio será cuatro veces superior a la actual. Las cosas seguirán acelerándose a partir de ahí, y en 40 años, será 16 veces más”, dice, basándose en la teoría de la tasa de cambio que Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, expone en el libro ‘The Singularity is Near’.

La esperanza de vida de las compañías se está viendo acortada cada vez más, así como las películas son más cortas, el lenguaje con el que nos comunicamos más corto y repleto de siglas. Lo más preocupante, quizás, es el aumento de la tasa de ansiedad, cuya causa principal en muchos casos está relacionada con el uso de las redes sociales y los dispositivos tecnológicos. Simmons propone su propio paradigma y afirma que puede que esta tendencia sea parte del fenómeno de la aceleración del tiempo.

En resumen, estamos a punto de entrar en una era de competencia extrema, en la que esta se multiplicará por cuatro en las siguientes dos décadas. Hacer lo que hace la mayoría, trabajar más duro o centrarse en el aprendizaje son algunas de las opciones que el autor considera que hay para afrontar este panorama.

La regla de las cinco horas

Dada la acuciante aceleración del tiempo, ha surgido la regla de las cinco horas, un patrón que siguen muchas de las personas más exitosas y ocupadas del mundo, que dedican ese tiempo a la semana a aprender. Pero no se trata de aprender por obligación, sino por diversión y sin hacer grandes sacrificios personales. “Cuando reservamos una hora del día para aprender, la productividad del día puede disminuir, pero la productividad a lo largo de la vida se dispara a medida que aumenta el conocimiento”, destaca Simmons.

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