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El contenido, de rey a príncipe destronado (por culpa de las marcas)

El contenido, de rey a príncipe destronado (por culpa de las marcas)Si hasta ahora el ad blocking era una de las mayores preocupaciones para los marketeros, a partir de ahora van a tener que centrar sus esfuerzos en un nuevo enemigo, el contenido.

Sí, ha leído bien. Y es que, tras ver la enorme fuga de usuarios a raíz de la saturación publicitaria, las marcas han pasado de inundar el mundo digital con anuncios a hacerlo con contenidos.

Pero la obsesión por el content marketing está saliendo muy cara a las marcas pues, según un estudio de TrackMaven, al mismo tiempo que el contenido aumentó un 35%, el engagement descendió un 17%.

No obstante, con un consumo del medio digital de 5 horas y 43 minutos al día según eMarketer, parece evidente que la demanda de contenidos y de entretenimiento sigue siendo elevada entre los usuarios.

Entonces, ¿dónde está el problema?

Muy sencillo. Por un lado, en que cuanto más contenido se lance, la calidad será inevitablemente menor al dedicar menos esfuerzo en cada pieza y, por otro, en el error de muchas marcas que, en vez de crear contenido acorde a los intereses de su audiencia, prefieren estructurarlo en torno al mensaje que desean comunicar.

Aunque este método puede ser efectivo en el contexto de la publicidad tradicional, es un error si lo que se pretende es crear buen contenido.

Y nunca ha sido tan fácil cambiar esta situación o, al menos intentarlo, gracias a la enorme cantidad de datos con la que cuentan los marketeros y que suponen una valiosa puerta de entrada a los intereses de su audiencia.

Conocer al público más allá de la segmentación demográfica o por edades será clave para hacerse un hueco entre los selectivos usuarios que han dejado de confiar en los medios como curadores de contenidos para asumir esta labor por sí mismos.

A pesar de que son muchos los que piensan que no siempre hay que darle al consumidor lo que desea, lo cierto es que no se trata de convertirse en una especie de marca amarillista sino más bien de pulsar la tecla de la resonancia y que no necesariamente pasa por contar con caras producciones dignas de Hollywood.

De esta manera, en un entorno en el que cada vez son más los competidores en términos de contenidos será fundamental echar mano del único elemento que ha garantizado el éxito publicitario desde el principio de los tiempos: las historias, las buenas historias.

Al fin y al cabo, se trata de crear un contenido único, original, inspirador, nuevo o divertido que muestre al mundo la identidad de una marca, sus particularidades de una manera tan diferenciada que no solo deseen verlo, sino también compartirlo.

Pero la proliferación de contenido efímero que aparece y desaparece sin dejar huella perjudica a ese otro que sí merece la pena ser difundido. De la misma manera que, en su momento, los malos anuncios envenenaron la industria, el mal contenido también corre este peligro.

Por ello es hora de despertar, antes de que sea demasiado tarde y el contenido pase de ser el rey al príncipe destronado.

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