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El marketing político ha muerto ¿por qué los partidos se niegan a superar el luto?

marketing políticoMarketing y política son dos conceptos que históricamente han ido de la mano. Siempre que se acerca una cita electoral, los grupos políticos sacan toda su artillería con el objetivo de hacer llegar a los ciudadanos sus mensajes. Basta con echar un vistazo ante la cercanía de unos comicios para ver cómo las calles de todas las ciudades son empapeladas con carteles plagados de consignas, lemas y fotografías en las que los principales actores de la esfera política intentan transmitir confianza presentándose ante el pueblo como la verdadera solución a todos sus problemas.

Pero ¿realmente sirve de algo todo este esfuerzo? En la actualidad, apenas levantamos la vista de nuestros smartphones y el interés en este tipo de propaganda política ha descendido de forma notable ¿Ha perdido la política su capacidad de crear identidad de marca?

Rob Blackie, director social de OgilvyOne Worldwide en Reino Unido señala en relación a las próximas elecciones del mes de mayo, que “apenas ve ninguna evidencia” de que la ciudadanía haya tomado conciencia de la cita electoral que se avecina.

“Sí, la marca de los políticos está muriendo” explica Blackie añadiendo que el marketing político ya no encaja como lo hacía antes en una sociedad en la que, por ejemplo, la mayoría de la gente está más pendiente de Facebook.

¿Quién entiende a los políticos?

Blackie señala que el principal reto de los políticos en la actualidad es conseguir transmitir sus complejos mensajes de una forma accesible a un público que constantemente se encuentra conectado a internet. Predice que los medios sociales son una de las mejores formas para lograr que los matices de los mensajes políticos sean apreciados por los votantes apuntando la mirada hacia Twitter como uno de los grandes aliados de las campañas políticas.

“El público está cada vez más informado y es más inteligente por lo que los políticos que muestren una actitud condescendiente sufrirán los efectos a largo plazo. Un clip de vídeo de 30 segundos colgado en YouTube no va a servir para trabajar un tema complejo pero, un vídeo de cinco minutos en el que se profundiza en lo importante de un tema, sí que podría persuadir a la gente a cambiar su punto de vista” ha afirmado.

Mark Oaten, chief executive de la International Fur Federation lo tiene muy claro: “la era de las campañas de grandes carteles ha muerto y nunca vamos a volver a ella”. Argumenta que la publicidad que define la marca de los políticos debe cambiar su visión dejando claro que todavía muchos de ellos seguirán trabajando en este camino que considera ya demasiado trillado.

Los datos, el gran aliado del marketing político

Oaten deja claro que las estrategias más exitosas serán aquellas que se alejen de estos conceptos de marketing tradicionales y decidan apostar y arriesgar. Algo muy importante si tenemos en cuenta que nos encontramos en la era del “cambio de lealtad” ya que lo que es importante para el electorado de hoy no es el partido sino la postura de este ante aspectos puntuales que les afectan en su vida individual. Es por esto que los datos se han convertido en una de las herramientas más poderosas del marketing político.

Un hecho que, en caso de que los políticos decidan adoptar de forma masiva el uso de los datos de los votantes en las campañas, es vital ya que podrían dar respuesta a las peticiones y dudas de los votantes de forma personalizada a través, por ejemplo, de las redes sociales o el correo electrónico.

Sam Delaney, director de Comedy Central y autor del libro “Mad Men and Bad Men” señala que el truco en la actualidad reside en fomentar las relaciones con los simpatizantes de los partidos para crear más vanguardia. Se muestra convencido de que el público en general y la generación YouTube en particular demanda más detalles: “quieren menos palabrería y más significado”.

“Los políticos suelen hablar en galimatías prácticamente indescifrables la mayoría de las veces. En los años 70 y 80 los políticos eran apasionados y contaban con vidas interesantes ricas en experiencias convirtiéndose en personajes convincente”.

La era de los clones

Muchos de estos expertos consideran que en la actualidad nos encontramos ante un millón de clones de Tony Blair que hablan como los altos ejecutivos de marketing dando la sensación de que sólo quieren vender y engañar a la gente tal y cómo señalan desde MarketingMagazine.

Los políticos y sus agencias podrían estar perdiendo su magia apuntan algunos reiterando que la publicidad política tradicional ha muerto ya que no existe prácticamente ninguna diferencia entre lo que ofrecen unos partidos y otros.

Es el arte de la creatividad el que marca estas diferencias. Es necesario transformar las frases complejas en mensajes simples, audaces y claros que puedan ser transmitidos en 140 caracteres.

La publicidad política tiene el deber de coger la verdad y exponerla al pueblo, a los votantes. Hay un gran apetito entre el público por el marketing basado en la personalidad. El gran problema al que se enfrentan los políticos es que los años de las campañas basadas en el “tit-for-tat” han dejado a muchos votantes desilusionados y privados de sus derechos, tal y como demuestran los resultados de todas las encuestas de valoración de líderes políticos.

Los políticos tienen que tomar medidas decisivas y empezar a hablar en un lenguaje que entendamos. De lo contrario, están firmando su suicidio político. Es por esto que resulta interesante la tipología de los votantes desarrollada por Populus en la que agrupa a los ciudadanos atendiendo a patrones distintos al género, religión o clase.

Así nos encontramos con los acomodados con nostalgia por los tiempos pasados, los que se contentan mostrando una actitud optimista, los que mantienen la calma y confían en los líderes políticos, los pesimistas e inseguros, los que muestran desesperación a largo plazo y los que muestran una actitud crítica y cosmopolita. A estos son a los que los políticos deben dirigirse en la actualidad hablando claro y alto dejando de esconderse detrás de sus anticuados carteles ya que, el marketing político tal y como lo conocemos, ha muerto.

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