Marketing

La evolución del marketing: de la publicidad al contenido, del "push" al "pull"

pullEn los años 50 del siglo pasado, en plena posguerra, existía una demanda enorme de productos por parte del consumidor. Por aquella época, y a fin de satisfacer la elevada demanda de productos y servicios que había en la sociedad, el marketing tenía el foco puesto en la producción.

Una década más tarde, en los años 60, el marketing prefirió fijar la mirada en la publicidad, una publicidad que se hizo fuerte en los medios impresos, en la radio y en la televisión

Sin embargo, con la creciente proliferación de las publicaciones impresas y la privatización de la televisión, la publicidad se hizo tan abundante que comenzó a “asfixiar” (casi literalmente) al consumidor.

En los años 90, y hastiado de la omnipresente publicidad, el consumidor adoptó crecientemente la costumbre de ignorar los anuncios.

Y por eso, y en vista de la pérdida de valor de la publicidad tradicional, los anunciantes empezaron a colgarse el brazo de métodos marketeros alternativos como las relaciones públicas, los eventos, el product placement y otras fórmulas “below the line”.

Después llegaría internet y el marketing protagonizó una auténtica revolución que lo volvería del revés para siempre. Al amparo de la red de redes, el marketing convirtió a la publicidad display y al email marketing en sus mejores amigos.

Pero el marketing volvió a sufrir poco después otro fortísimo terremoto con la irrupción de las redes sociales, que propició el ascenso a los altares (marketeros) del marketing viral (y “word of mouth”), del SEO y de la publicidad en buscadores.

El marketing, que antaño tenía un enfoque “push” (y bombardeaba constantemente con mensajes al consumidor), es cada vez más “pull”. Y en lugar de hostigar con información a los consumidores, deja que sean estos los que tomen por sí mismos la información de las marcas.

En la nueva era “pull”, aquella a la que necesariamente se dirige el marketing, el contenido tiene prioridad sobre la publicidad pura y dura. Y la tiene porque el fin último no es perseguir al consumidor sino emocionarle.

Las emociones, unas emociones que deben estar adheridas no sólo a los anuncios sino también a los productos, son las grandes protagonistas en el “pull marketing”.

En el futuro (el más cercano al menos) el marketing estará obligado a ser global, multicanal, creativo, emotivo, analítico y altamente especializado.

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