Marketing

Bob Hoffman critica duramente la apuesta por el targeting de precisión

El (falso) amor consumidor-marca o el utópico mundo en el que quiere vivir el sector

El (falso) amor consumidor-marca o el utópico mundo en el que quiere vivir el sectorLa cada vez mayor irrelevancia con la que los consumidores miran a las marcas ha hecho que en los últimos años haya explotado una nueva burbuja basada en el empeño por conocer todos y cada uno de los datos de los consumidores para enamorarlos.

Para ello la mayoría de las compañías ha optado por bombardear al público a través de todos los medios posibles con mensajes que, aunque a su juicio son originales, llamativos y absolutamente brillantes, no dejan de ser a ojos del consumidor otra molesta e irrelevante comunicación comercial.

En la relación entre marca y consumidor existe una gran desconexión. Mientras las marcas creen que sus clientes más fieles las consideran “love brands” y así presumen orgullosas de ello, los consumidores no buscan otra cosa que el mismo producto que llevan consumiendo desde hace años. Porque, otra cosa no, pero el ser humano es un animal de costumbres.

La pérdida de contacto con la realidad de los marketeros ha dado lugar a la creación de un utópico mundo en el que sus marcas son lo más importante para el público cuando la realidad es bien distinta y quizá menos idealista.

Y así lo critica Bob Hoffman en su blog, Ad Contrarian, en donde advierte de la apertura a un ritmo alarmante de esta grieta marca-consumidor.

“Los consumidores ven el targeting de precisión personalizado como la forma publicitaria menos fiable, más molesta, menos relevante y más odiada. Esta es una de las razones por las que existen en torno a 600 millones de dispositivos conectados en el mundo que utilizan ad blockers”, señala.

Pero también culpa a la excesiva preocupación de los profesionales por “conceptos infantiles como brand love o engagement” cuando los consumidores están “plenamente satisfechos comprando nuestros productos de vez en cuando y centrándose en sus pasiones y en la gente, no en la crema de cacahuete o el papel higiénico”.

A la hora de elegir un producto en el supermercado, asegura Hoffman, se trata más de un comportamiento pragmático que apasionado.

No obstante, “seguiremos creyendo que somos arquitectos de marca, antropólogos culturales o científicos de relaciones. Es mucho más romántico que admitir que somos simplemente vendedores incompetentes”.

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