Marketing

Las diferencias entre Hollywood y el marketing

Hollywood y el marketing, tan parecidos (a bote pronto) y tan diferentes

Entre Hollywood y el marketing existen bastantes concomitancias. Sin embargo, a diferencia del cine, el marketing no tiene el don de la autorreflexión y de la autorreferencia.

hollywoodHollywood, la cuna del séptimo arte, y el marketing tienen mucho en común. Ambos alumbran universos fantásticos que prenden la mecha de la imaginación en el espectador. Tanto el cine como el marketing construyen sueños.

El último objetivo de Hollywood es agasajar con elevadas dosis de entretenimiento al público, si bien algunas películas (habitualmente las más ambiciosas) tratan de hacer pensar al espectador aguijoneando su cerebro con peliagudas preguntas.

Por su parte, el marketing tiene como objetivo inocular deseos (por cosas y experiencias) en el consumidor. Quienes tienen a bien dedicarse a esta disciplina no hacen sino dar brillo y esplendor al valor percibido de las cosas y las experiencias, explica Niraj Dawar en un artículo para Branding Strategy Insider.

Hollywood da a luz a piezas de 90 minutos de duración que el espectador ve generalmente una única vez y que paga además por visionar.

El marketing, por el contrario, encuentra su mejor aliada en la exposición reiterativa de sus propios mensajes, que navegan a través de múltiples medios y que llegan a ojos del público de manera accidental, cuando éste está afanado en otros quehaceres. Por ver los mensajes, a menudo fastidiosos, emanados del marketing el consumidor no paga lógicamente un céntimo.

En ocasiones las líneas que separan al cine del marketing están por supuesto emborronadas. El product placement mete (a veces con calzador) el marketing dentro de las películas (y los sueños se abren paso, por ende, en otros sueños).

A veces los filmes son básicamente anuncios de duración dilatada. Posemos, por ejemplo, la mirada en las películas de animación de Disney. En este tipo de cine los ingresos derivados de la venta de “merchandising” superan muchas veces con creces a los ingresos de taquilla. Y las películas no dejan de ser anuncios largos que el espectador paga por ver y cuyo último objetivo es que los niños anhelen echar el guante a productos inspirados en los personajes que ven desfilar por la gran pantalla.

Aun así, y pese a las semejanzas, hay una grandísima diferencia entre Hollywood y el marketing. Mientras el cine tiene la capacidad de reflexionar sobre sí mismo y colgarse del brazo de las autorreferencias, el marketing es huérfano de este “superpoder”, asegura Dawar.

Películas como El mago de Oz, El show de Truman, The Matrix y Origen hablan de la capacidad (o más bien predisposición) humana de construir universos fantásticos y morar en ellos como lo haría un pez en una pecera. Detrás de la cortina es el propio Hollywood quien ejerce de mago y no tiene prurito alguno es apuntar con su varita a la pecera.

El marketing no es tan presto como el cine a la autorreflexión y a la autorreferencia, acaso quizás porque peca de excesivamente cohibido. O quizás porque es simplemente excesivamente arriesgado para el marketing hablar sin tapujos de realidades levantadas sobre cimientos fantásticos. El marketing no puede permitirse el lujo de dejar que el consumidor se pasee a sus anchas por tales realidades. Si esta disciplina y quienes tienen a bien dedicarse a ella comienzan a aludir a la construcción (inevitablemente artificial) que hay parapetada tras la fantasía, la burbuja fantástica se desinfla como un globo. Y el marketing no puede vender burbujas deshinchadas, concluye Dawar.

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