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Influencers: cuando el ego se transforma en dinero contante y sonante

Influencers: la "generación yo" o el arte de convertir el ego en una máquina tragaperras

Los influencers no aspiran ya única y exclusivamente a llenar su cuenta corriente con la ayuda de marcas ajenas. Cada vez más prescriptores crean sus propias firmas.

influencersLas fotos de animales se las ingenian para derretir el corazón de casi todos cuantos pululan por las redes sociales. Pero pocos miembros del mundo animal concitan tantísima atención (en su vertiente digital) como Matilda. Esta simpática perrita de la raza Carlino dispone incluso de su propia cuenta en Instagram, donde cuenta con la nada desdeñable cifra de 300.000 “followers”.

¿El motivo de la arrebatadora fama del can? Su dueña se llama Chiara Ferragni, la que se jacta, con conocimiento de causa, de ser la influencer más poderosa en el universo de la moda.

14 millones de personas siguen las andanzas de esta italiana de 31 años en su perfil en Instagram, donde más allá de dar cuenta de las últimas tendencia en materia estilística agasaja a sus fans con toda una miríada de detalles, más o menos indiscretos, sobre su vida privada.

La cuenta de Ferragni en Instagram está salpimentada con fotos de sus suntuosas vacaciones en Ibiza (a bordo, cómo no, de un lujoso yate), de los besos que se prodigan la célebre influencer y su recién estrenado marido, el rapero Fedez (al que siguen otras 6 millones de personas), y de las peripecias del bebé de la pareja: Leo. El primer retrato del retoño de la prescriptora, recién salido del hospital, obtuvo más de 3 millones de “likes” en Instagram.

Ferragni ha logrado aquello con lo que sueñan muchísimos jóvenes ávidos de convertir la influencia en un negocio, mucho más lucrativo que cualquier otro trabajo al uso.

La transalpina ha conseguido convertir su blog de moda “The Blonde Salad”, fundado allá por el año 2009, en un auténtico imperio consagrado en cuerpo y al alma al marketing elevado a la máxima potencia.

Tres años después, en 2012, Ferragni lanzó su propia línea de calzado con el característico logo de un ojo. En 2017 la influencer puso la guinda al pastel (el de su próspera marca personal) con la inauguración en Milán de su primera “flagship store”: Chiara Ferragni Collection.

En esta tienda a italiana vende no sólo zapatos sino también mochilas, gorras e incluso máscaras para dormir. Además, a través de diferentes retailers en calidad de partners, la marca Chiara Ferragni Collection está presente también en Asia, Australia y Estados Unidos.

La milanesa es la punta de lanza de una tendencia que goza de cada vez más predicamento en la todavía jovencísima industria del influencer marketing. Los influencers de nueva hornada no se conforman con publicar a cambio de jugosos cheques fotos de productos de marcas ajenas en sus redes sociales y fundan también sus propias marcas poniéndose el emprendimiento por montera.

Los influencers que tienen a su vera más de un millón de seguidores pueden vivir perfectamente del dinero emanado de su arrebatadora influencia en los canales 2.0. No en vano, se embolsan en torno a los 1.400 dólares por post. En el caso de Ferragni, la influencer más top del mundo, los emolumentos por post patrocinado podrían rondar los 100.000 euros.

En las redes sociales, en particular en Instagram, que es a día de hoy el “ojito derecho” de los prescriptores, los influencers agasajan a sus seguidores con “selfies” (56%), con contenido sobre moda (40%), con fotografías de viajes (34%) y con apetitosas instantáneas de comida (20%).

Los influencers se dejan querer por toda un pléyade de marcas, peros su favoritas son habitualmente Nike, Adidas, H&M, Zara, Coca-Cola y Apple.

La mayor parte de los prescriptores, el 65%, son mujeres y tienen una edad media de 21 años. Aunque a tan tierna edad muchos influencers son todavía estudiantes, el 64% de los influencers hace de la amalgama de ego e influencia su principal profesión.

Fuertemente apegados a la moda, la misma que ha catapultado a Ferragni al olimpo de los dioses de la influencia, la mayor parte de los influencers confiesa su predilección por las marcas de ropa, si bien tampoco le hacen ascos a la colaboración con firmas de belleza, joyería y relojería, comida y turismo.

Acomodados en el mullido colchón financiero que ponen a su disposición estas marcas, no pocos influencers se tiran a la piscina del emprendimiento para crear sus propias firmas. En España Paula Ordovás (My Peeptoes Shop), María Pombo (Tipi Tint) y Alexandra Pereira (Lovely Pepa Collection) han emulado ya a Ferragni y sus dueñas de sus propias marcas, construidas todas sobre los cimientos de su propio ego. El narcisismo no fue nunca tan rentable como en la era de los influencers.

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