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Internet está acabando con nuestro cerebro

Redacción

Escrito por Redacción

El neurocientífico Manfred Spitzer es conocido en todo el mundo por sus provocativos argumentos. Si en su primer libro advertía a los padres de los peligros de dejar que sus hijos pasaran demasiado tiempo delante de la televisión, ahora, en Digital Demenz (Demencia Digital) les explica que enseñar a los niños juegos manuales es mejor que dejarles explorar un ordenador.

Es cierto que Spitzer pertenece a una generación muy diferente que creció sin tecnología, ni ordenadores ni internet, pero sus estudios como neuropsiquiatra han demostrado que cuando un niño pasa demasiado tiempo utilizando un ordenador, el desarrollo de su cerebro se ve afectado, generando unos déficits irreversibles que no podrán recuperarse en su vida adulta.

En términos simples, internet te hace tonto. Para los defensores de y fanáticos del mundo digital, esta afirmación puede ser indignante, pero Spitzer ha acumulado suficiente información como para asentar argumentos sólidos basándose en datos y estudios bastante preocupantes.

Según Spitzer, mucha gente joven utiliza más de un medio a la vez, como hacer llamadas mientras utilizamos el ordenador o jugar con el móvil mientras vemos la tele. Esto significa que se empaquetan en sólo 6 horas y media el consumo de medios de 8 horas y media, y la multitarea se produce en detrimento de nuestra concentración. “La multitarea no es algo que debamos animar en las futuras generaciones”, asegura Spitzer.

La razón es que todo lo que hace una persona deja un rastro en su cerebro. Con un desarrollo óptimo, las conexiones memorísticas que se producen en el cerebro se forman y construyen durante los primeros meses y años de la vida, creando una estructura base para todo lo demás que vamos a aprender. Esta capacidad se conoce como “neuroplasticidad” y es una de las razones del éxito evolutivo de la especie humana.

Pero es precisamente en esa plasticidad donde está el peligro, según Spitzer. Si las personas empezamos a depender exclusivamente de la navegación a través de la tecnología, no se desarrolla la capacidad de orientación por mucho que nuestros cerebros estén preparados para hacerlo. Exactamente lo mismo ocurre con los niños que utilizan lápices electrónicos y tabletas en lugar de aprender a escribir. Si las clases y las casas se llenan de ordenadores y otros dispositivos remplazando otras prácticas que son positivas para el desarrollo de un niño, es inevitable que su uso tenga un efecto negativo sobre el aprendizaje.

 

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