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La JMJ ha servido para consolidar la 'marca España' en el extranjero

La Jornada Mundial de la Juventud, celebrada estos días en Madrid, ha sido todo un evento de negocios, cultura y, por supuesto, fe sin precedentes en la capital de España. El éxito de Benedicto XVI y del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en la JMJ de Madrid 2011 ha sido rotundo. Así lo ha asegurado el propio Rey de España, que lo ha calificado de «éxito con repercusión mundial», y lo reconoce el propio Pontífice. En privado y en público ha asegurado: «Dejo España contento y agradecido», porque «esta fiesta nos permite mirar hacia adelante con confianza en la Iglesia».

Según informa elmundo.es, se trata de un éxito sin precedentes porque han ganado todos con la JMJ. El Gobierno, la oposición, el país y, sobre todo, la Iglesia, tan necesitada de una inyección de autoestima. Y, además, gracias a este evento la ‘marca España’ se consolida en el extranjero, publicitando Madrid por todas partes pero también publicitando El Escorial y la Semana Santa. Negocio, cultura y fe por lo tanto. Y a coste casi cero porque son muchos más los beneficios que los gastos. Sin contar con la inmensa proyección de la imagen de España ante 600 millones de espectadores en el mundo.

Por otro lado, ha salido reforzada la imagen de la JMJ ya que, antes de la de Madrid, pocos creían en ella. La tachaban de simple espectáculo y explosión de pirotecnia religiosa. Hasta el propio Papa Ratzinger no era demasiado partidario del evento y se pensó que, al subir a la sede de Pedro, las iba a eliminar. Nadie daba un duro por esta JMJ pero fue un empeño personal de Rouco y, una vez más, el cardenal madrileño ha demostrado que, por ser un excelente gestor, ve lejos y apunta al futuro.

Y es que unir la fe con el dinero nunca dio resultado y hasta Cristo lo prohibió. Para que la JMJ cautive a todos los sectores eclesiales tiene que soltar ese lastre que, por otra parte, no necesita, porque, como se ha demostrado, las Jornadas se autofinanciaron. Y ahora toca aprovechar el tirón. La JMJ perdurará si responde a un plan pastoral, si hay un antes y un después en el caminar de la Iglesia con los jóvenes. Algo así como una evaluación de resultados propia de toda estrategia empresarial.

La Iglesia española, que está bajo mínimos en imagen y credibilidad social, tiene que aprovechar este subidón para cambiar de rostro y poder ofrecer a los jóvenes una Iglesia amable, comprometida con los pobres, samaritana y misericordiosa. De lo contrario, la JMJ podría ser flor de un día.

 

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