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La otra cara de Anonymous

El pasado viernes la mayoría de medios, generalistas y especializados se hacían eco de la noticia, adelantada por la Policía Nacional de la caída de la cúpula de Anonymous. La noticia tuvo seguidores y detractores. Hay quienes, como Enrique Dans, profesor de IE Business School y experto en tecnología, ha aprovechado su blog para contar la otra realidad del caso.

«La información difundida en la nota de prensa de la Policía es sencillamente mentira», dice, y expone los elementos que dice no son reales:

Atribuir a tres personas la totalidad de los ataques DDoS realizados por todos los Anonymous en todo el mundo, e incluso algunos realizados por otros grupos, como LulzSec, que carecen completamente de relación con Anonymous. Una falacia.

Utilizar una nota de la OTAN que hablaba de la amenaza que Anonymous puede suponer por su capacidad potencial de acceder a información sensible de gobiernos, ejércitos y corporaciones” para equiparar estos delitos con los de, entre otros, Al Qaeda, que se dedica a poner bombas y asesinar miles de personas en todo el mundo. Desproporcionado y completamente inmoral.

Suponer que se trata de una “organización” y que tiene una “cúpula” que puede ser “desarticulada” (el error más evidente y más criticado a través de Twitter mediante el hashtag #cupulasinexistentes).

Hablar de que “uno de los detenidos protegía en su domicilio un servidor desde el que se coordinaron y ejecutaron ataques informáticos a páginas web gubernamentales, financieras o empresariales de todo el mundo. Desde esta vivienda en Gijón se atacaron los sitios webs de la tienda Playstation de Sony, BBVA, Bankia, ENEL y de los gobiernos de Egipto, Argelia, Libia, Irán, Chile, Colombia y Nueva Zelanda”. Pocas cosas pueden ser sencillamente más ridículas.

Calificar a Anonymous como de “organización de hackers se estructura en células independientes”. Y tan independientes… ¡son usuarios individuales normales y corrientes como tú y como yo!, destaca Dans.

Confundir con la falsa idea de ataques de denegación de servicio realizados “en ocasiones a través de ordenadores “zombies” infectados en todo el mundo”. Los ataques DDoS de Anonymous nunca hacen uso de botnets, una característica que sí poseen, en cambio, los ataques protagonizados por redes mafiosas dedicadas a la extorsión o al spam. Así de sencillo, y así de categórico.

Mencionar “las complejas medidas de seguridad que toman sus miembros para salvaguardar su anonimato”. Si por algo se ha distinguido Anonymous ha sido por reunir en su composición a personas de todo tipo, que en muchos casos carecen de formación rigurosa en seguridad, y que en multitud de ocasiones han podido ser trazados debido a la falta de protocolos de seguridad empleados en los ataques.

Hablar del ímprobo trabajo desarrollado por la policía, que “ha analizado desde octubre de 2010 más de 2.000.000 líneas de registro de chats y páginas web usadas por la organización de hackers”, cuando en realidad lo único que han hecho es localizar su servidor de IRC, que es además un dato público en su página web… espero sinceramente que eso no sea una prueba de la “eficiencia policial”.

Suponer que esa supuesta “cúpula de Anonymous” a nivel mundial está radicada en España. Anonymous tiene sus raíces mayoritariamente en los Estados Unidos, como bien han revelado las investigaciones desarrolladas por Panda, una de las empresas más autorizadas en este tema.

Mezclar el concepto de uso de redes WiFi ajenas, para el que no hace falta prácticamente ningún conocimiento especial, y considerarlo evidencia de que la red “contaba con vastos conocimientos en informática y telecomunicaciones (seguridad lógica, vulnerabilidades e intrusiones), que pusieron al servicio de la organización para el éxito de sus ofensivas”. De nuevo, directamente ridículo.

Mezclar el uso del programa LOIC, libremente disponible y sumamente sencillo, con frases tremendistas como “el uso de software durmiente y ordenadores ‘zombies’ en miles de hogares”. La relación entre un hecho y otro es nula, Anonymous precisamente evita esta confusión para dar cierta legitimidad a sus ataques, comparándolos con manifestaciones pacíficas en el mundo físico.

El uso de la máscara de Anonymous como presunta “prueba incriminatoria”, una foto completamente ridícula para cualquier persona que conozca el origen o significado de la máscara y a estas alturas ya abundantemente ridiculizada en la red, pero que contribuye a la construcción de una simbología necesaria para el público en general.

La injustificable mención a ETA difundida a través de EFE como forma de construir conexiones de fortísima connotación negativa identificables por el gran público.

Anonymous puede ser muchas cosas, pero no es una organización. No existe como tal. Son personas normales y corrientes, que utilizan un método para protestar perfectamente legítimo., puntualiza Enrique Dans.

 

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