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LAS CARAS INFANTILES, BUENAS ALIADAS DE LA PUBLICIDAD

Quienes utilizan imágenes de bebés en su publicidad lo hacen con razón: los experimentos neurológicos demuestran que el cerebro humano está programado para responder a las caras de los bebés, tanto que incluso responde a las caras adultas con rasgos infantiles.

En publicidad siempre se ha afirmado que las imágenes de bebés captan la atención del público de forma más eficaz que cualquier otra imagen. Esto ha llevado a un abuso de estas imágenes, incluso aunque a veces la relación con el producto esté cogida por los pelos. Sin embargo, es una de las tácticas más efectivas para captar la atención del público, porque los seres humanos están condicionados de forma muy favorable hacia los bebés.

Cuando una persona ve un bebe, surge una respuesta innata de abrazar y arrullar al niño. Esta impronta surge por la estructura de la cara del bebe, según un estudio publicado en la revista científica PLoS ONE, que trata de explicar cómo funciona el proceso del amor a los bebes en las mentes adultas. Los hallazgos permiten explicar comportamientos como la conexión entre bebés y adultos, la atención que los padres prestan a sus bebés e incluso porque parece que a los hombres les atraen las mujeres con rasgos infantiles. En cuanto a las mujeres, en función del momento del ciclo de ovulación que atraviesen, prefieren caras más infantiles o más adultas, afirma el director del estudio, Morten Kringelbach.

La respuesta paternal/maternal tiene lugar en el córtex orbitofrontal medio, que se encuentra en la parte frontal del cerebro, en el área encima de los ojos. Según cuenta Kringelbach, “la actividad cerebral en el córtex orbitofrontal permite al ser humano concentrar su atención, proteger y abrazar al bebé”.

Para realizar el experimento, el equipo de Kringelbach, investigador senior del departamento de psiquiatría de la Universidad de Oxford, reunió fotos de bebés, extraídas de varias grabaciones digitales en vídeo de los niños en su propio hogar. Se mostraron estas imágenes a 95 adultos de sexo masculino y femenino, que evaluaron las expresiones emocionales de los bebés en función de las emociones “muy positivas” o “muy negativas” que despertaban en ellos.

Para estudiar las reacciones cerebrales se utilizó la técnica de la magnetoencefalografía, que genera imágenes del cerebro en plena actividad, con detalle milimétrico y con posibilidad de capturar reacciones que duran milésimas de segundo. Esta técnica se aplicó en 12 de los sujetos del experimento. Según se explica en el estudio, se pidió a los sujetos que se fijasen en cómo una cruz roja iba cambiando de color, mientras frente a sus ojos se proyectaban a gran velocidad imágenes de caras de adultos y bebés de una duración de 300 milisegundos, demasiado rápidas como para llegar a percibirlas de forma consciente.

Según explica Kringelbach, la tarea de observar la cruz roja era sólo un truco para comprobar cómo trabaja el cerebro ante esas imágenes percibidas de forma inconsciente. Las imágenes del magnetoencefalograma demuestran que las imágenes de caras de adultos “iluminan” las partes central y trasera del cerebro, es decir, generaban una reacción en esas zonas, mientras que las de los bebés “iluminan” la región cerebral ubicada encima de las órbitas oculares. Esta zona del cerebro es muy importante para las emociones y parece estar relacionada con el registro de estímulos intensos del entorno relacionados con la recompensa.

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