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LAS MARCAS DE AUTOMÓVILES PIERDEN SU EROTISMO

Según el científico Peter Kruse, especializado en la investigación cerebral, las marcas de automóviles están perdiendo ese atractivo ‘erótico’ que las ha definido en el panorama de las emociones en publicidad y empiezan a convertirse en marcas con atributos más terrenales y prácticos.

Según Kruse, en la actualidad se están redefiniendo los atributos emocionales del bien de consumo ‘automóvil’. “El valor añadido emocional, encarnado en el estatus que proporciona un coche, se está perdiendo”, afirma este científico y asesor especialista en la consultora nextpractice además de profesor de la Universidad de Bremen, en una entrevista en la publicación especializada Horizont. “Las marcas de automóviles pierden erotismo”.

En su lugar, la sostenibilidad está ocupando el corazón de los consumidores: “La protección del medio ambiente y la responsabilidad social son las nuevas dimensiones de la atracción. Sin turbarse, la industria se ha aferrado durante mucho tiempo en su estrategia de producto a la innovación técnica, el alto rendimiento y el acabado del producto”. Pero ante la actual crisis, la modestia y la utilidad para la vida cotidiana son la tendencia dominante.

Esta migración de valores también se está produciendo en el segmento de los automóviles de lujo, según Peter Kruse. En su opinión, la definición de estatus no ocupa tanto un primer plano, como hasta ahora. “La ostentación simplemente ya no es ‘cool’ y se rechaza por principio. Ahora se atribuye estatus a aquellas personas que demuestran que tienen los pies en la tierra”. En opinión de Kruse, si se produce realmente un cambio de valores durante esta crisis, ese cambio va a permanecer más allá de la crisis.

Respecto a si el sector del automóvil tendría que realizar cambios en su marketing, Kruse afirma que, desde el punto de vista de la neurociencia, la diferencia entre emoción y razón no está tan clara y que la preferencia por argumentos racionales también es una decisión que se toma de forma inconsciente. “Una persona racional, sencillamente está enamorada de los buenos argumentos. La cuestión sería entonces ¿Es posible entusiasmar a las personas con buenos argumentos? Y la respuesta es claramente sí”.

En cuanto a las dimensiones de contenido que la industria del automóvil podría utilizar para dar sentido a sus productos están, en opinión de Kruse, “dar un sentido a la vida cotidiana, lo que alberga un gran poder de diferenciación. Además, habría que tratar de mejorar la calidad de la experiencia del ‘placer de la conducción’, lo que alberga verdaderas oportunidades para revivir emocionalmente al automóvil”. Otras claves estarían en los crecientes anhelos de ‘desaceleración’ y ‘simplificación’, encarnados en los movimientos slow. “El coche del futuro debe permitirme satisfacer mis necesidades de movilidad de forma razonable, sin estrés y sin remordimientos de conciencia”, resume Kruse.

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