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Las organizaciones sin ánimo de lucro deben aprender a utilizar mejor los datos

Las organizaciones sin ánimo de lucro deben aprender a utilizar mejor los datosEl mundo se ha convertido en un enorme contenedor de datos. Cada día se generan datos de sensores que miden el clima, el uso energético, la geolocalización o el bienestar físico y emocional. De hecho, algunos han llegado a decir que los datos son el nuevo petróleo. Y es que aunque han llegado a ocupar cada rincón de nuestro planeta, sólo hay una pequeña cantidad de datos realmente valiosos debajo de la basta superficie de información que ocupa cada rincón de nuestro planeta.

En cada sector social, las organizaciones están dirigiéndose hacia aquellas empresas capaces de mirar, analizar y traducir los datos en afirmaciones significativas acerca de consumidores, competencia y mercado. Pero mientras las compañías con ánimo de lucro y los gobiernos están siendo capaces de generar esta inteligencia basada en la información y su aplicación, las organizaciones sin ánimo de lucro que conforman el sector más social carecen de medios para llegar a estos especialistas en datos.

El mayor problema no es el dinero, sino la falta de comprensión acerca de cómo los datos pueden tener un impacto sobre la efectividad, dejando todavía de lado la toma de decisiones basada en los datos. Un terreno sin explorar que ofrece oportunidades únicas.

Todo esto no quiere decir que al sector social no le importen los datos. Durante décadas, desde el Gobierno de Estados Unidos, pasando por el Banco Mundial o la Fundación Gates, hasta pequeñas organizaciones sin ánimo de lucro, han tratado de demostrar de forma objetiva y entender el impacto de las intervenciones por el cambio social, pero sin éxito. Además, muchas veces han sido los propios donantes de estas organizaciones los que han solicitado esta información para conocer dónde va su dinero y si se usa de forma apropiada.

El cambio social se basa en la construcción de sistemas complejos en los que participan emprendedores sociales, fundadores e inversores, organizaciones asociadas, políticos, académicos, grupos comunitarios y medios de comunicación, que tienen un papel muy importante a la hora de dar forma a una intervención y su papel en la sociedad. Personas que, igual que ocurre en el sector privado, pueden convertirse en mentores o bases sobre las que construir un proyecto, y no llegar a una de estas personas es una oportunidad perdida en el desierto de datos que es el sector social.

A través de la tecnología de los smartphones y el relativamente bajo coste de crear aplicaciones, la captación de datos es más sencilla que nunca. Y con la computación en nube las organizaciones pueden tener la posibilidad de agregar grandes cantidades de datos y crear redes distribuidas en las que compartir recursos informativos.

Si una empresa social o sin ánimo de lucro media no tiene el conocimiento o la infraestructura necesaria para buscar y analizar los datos de un sector entero, se puede plantear un esfuerzo colaborativo. Eso sí, crear y organizar un consorcio amplio de organizaciones sin ánimo de lucro quizás no sea la respuesta, sino que habrá que buscar la oportunidad entre las mismas fundaciones que son líderes del sector en transparencia, confianza, monitorización y evaluación.

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