Marketing

¿"Marketero" de pura cepa o simple propagandista? Las 4 diferencias entre ambos especímenes

propagandaDetrás de la palabra marketing ha parapetadas miles y miles de definiciones, si bien lo cierto es que la mayor parte de las veces nos basta con una: es la "acción de promover y vender productos o servicios, incluyendo la investigación de mercados y la publicidad".

A bastantes menos definiciones se presta otra palabra aledaña (más o menos) al marketing, la propaganda, que podríamos definir como "información, de naturaleza particularmente parcial y engañosa, utilizada para promocionar o publicitar una determinada causa política o un punto de vista comercial".

Aunque muchos se empeñan en convertirlos en parientes cercanos (y aún peor, en disciplinas intercambiables), lo cierto es el marketing y la propaganda son cosas completamente distintas. Entre ambas disciplinas podemos observar las siguientes 4 diferencias:

1. Transparencia
Quizás la diferencia más clara entre el marketing y la propaganda es la transparencia. A la propaganda le gusta jugar a ocultar. En cambio, el marketing (el bueno, al menos) aspira a ser transparente y a promover la interacción con el cliente.

2. No es lo mismo la influencia que la agresión
Una cosa es influir en el consumidor (que es lo que hace el marketing) y otra cosa es intentar influir en él hasta el punto de cometer una agresión contra él. Si es usted un agresor, debe ser consciente de que lo suyo no es el marketing sino la propaganda pura y dura.

3. Sin moralidad no hay paraíso “marketero”
El objetivo de la propaganda es vender y convencer y hace todo lo posible para conseguirlo, aunque para ello tenga que dejar la moral en la cuneta. El marketing, por el contrario, no puede permitirse el lujo de renunciar a la moralidad, sobre todo si la renuncia a la moralidad pone en peligro la salud del consumidor y a los más pequeños de la casa. El marketing es capaz de autorregularse, la propaganda no.

4. La propaganda es el hábitat natural de las indirectas, el marketing también (pero de otro tipo de indirectas)
Las indirectas son muy habituales en el universo del marketing. El consumidor, de hecho, las aprecia. Son un recurso que convierte de alguna manera el marketing en un juego. Con todo, las indirectas pueden servir también a propósitos más oscuros, a dañar, por ejemplo, a la competencia, lanzando (y no demostrando) determinadas acusaciones. Si las indirectas son utilizadas con el ánimo de hacer daño a terceros, abandonamos el territorio del marketing para adentrarnos en el de la propaganda.

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