Marketing

¿Son los marketeros unos tiranos por obra y gracia del "tracking"?

El marketing totalitario o cómo el "tracking" metamorfoseó a los marketeros en tiranos

La obsesión de los marketeros por el "tracking" ha acabado por convertirlos en temibles tiranos de ínfulas totalitarias, según Bob Hoffman.

marketing totalitarioAntaño la publicidad andaba preocupada con impartir información. Hoy lo que le verdad le quita el sueño a la industria publicitaria es la recolección de información.

La publicidad online, el formato del que se cuelga del brazo predominantemente el dúo formato por marketing y comunicación, es fundamentalmente deudora del “tracking” a la hora de recopilar información.

Y el “tracking” es sólo una denominación más amable de la vigilancia pura y dura. Los navegadores, los motores de búsqueda y la webs que visitamos se valen de software invisible para no perder ripio de lo que hacemos en la red de redes (y de los lugares que allí visitamos). Nuestros emails son asimismo leídos y convenientemente archivados por los proveedores que utilizamos para acceder a nuestro correo electrónico.

Toda esta información es compilada, almacenada y posteriormente vendida a terceros, habitualmente sin el conocimiento y el consentimiento del internauta, denuncia Bob Hoffman en un artículo para Ad Contrarian.

Esa valiosa información (la información emanada de todos nosotros) es además fácilmente accesible para hackers, para gobiernos extranjeros y para otros malhechores con intereses espurios.

La ridícula razón en la que se sustenta semejante abuso de nuestra privacidad es que es ese abuso (maquillado por supuesto de otra cosa) ayuda a los marketeros a hacer llegar a ojos del internauta publicidad verdaderamente relevante (como si el ciudadano de a pie pidiera a gritos publicidad relevante).

Nos han enseñado a aborrecer a los gobiernos totalitarios, aquellos empeñados en querer saberlo todo sobre nosotros, en seguirnos a todas partes, en escuchar nuestras conversaciones y en abrir archivos secretos con nuestras intimidades. Sin embargo, esos gobiernos totalitarios que tantísimo temor no infunden se valen de prácticas que son en realidad un calco de las que utiliza actualmente la industria marketera, asegura Hoffman.

Todos somos plenamente conscientes del infierno al que terminan abocando los gobiernos totalitarios a quienes están bajo su yugo. Los gobiernos totalitarios desembocan en cortinas de hierro, en remedos de la Gestapo y en campos de la muerte. Cuando el totalitarismo emerge en el horizonte, las libertades personales tienden a ser ninguneadas y el poder de los tiranos es elevado hasta el infinito y más allá.

Sabemos adónde conducen los gobiernos totalitarios y desconocemos, no obstante, los derroteros que acabará tomando el marketing totalitario. Es difícil, en todo caso, imaginar un escenario que no sea absolutamente pavoroso.

La marketing que echa anclas en la vigilancia tiene poco más de 10 años de edad, pero pese a su insultante juventud se las ha ingeniado ya para minar nuestra confianza en la legitimidad de los procesos electorales y en la credibilidad de las noticias publicadas en los medios de comunicación.

Es hora de que todos pidamos que el “tracking” sea convenientemente guillotinado en aras de una web reformada y más creíble. El “tracking” es, al fin y al cabo, una amenaza para las sociedades democráticas y los ciudadanos individuales.

El derecho a la privacidad de los ciudadanos como individuos es mucho más importante para la sociedad que la mera conveniencia de los marketeros (lo que a ellos personalmente les viene como anillo al dedo), concluye Hoffman.

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