Marketing

El influencer marketing necesita profesionalizar su modelo de negocio

Por qué el influencer marketing necesita más profesionales y menos "almas cándidas"

Por qué el influencer marketing necesita más profesionales y menos "almas cándidas"El calenturiento debate a cuenta de la pelea (a cara de perro) que han protagonizado en los últimos días el propietario de un establecimiento hotelero y la influencer británica Elle Darby ha provocado un auténtico tsunami en las siempre embravecidas aguas de las redes sociales.

Darby, que presume de contar con miles de seguidores en YouTube y en Instagram, se puso en contacto con el hotel dublinés Charleville Lodge con el propósito de obtener cinco noches de alojamiento gratis en el establecimiento a cambio de recomendaciones en las redes sociales.

A Paul Stenson, el responsable del hotel Charleville Lodge, la petición de la buena de Darby le sentó a cuerno quemado y no dudó en ponerle la cara colorada a través de un post publicado en Facebook (donde el nombre de la influencer, aunque inicialmente silenciado, no tardó en salir a la luz).

La Web Social ha “ardido” (casi literalmente) en los últimos días por culpa de este episodio. Pero, ¿cuál ha sido la chispa que ha prendido la mecha de semejante y descontrolado “incendio”?

¿Se ha escandalizado la gente por el modelo de negocio de los influencers (deudor en gran medida del pago en especie de recomendaciones)?, se pregunta Eileen Piskorz en un artículo para Horizont.

Lo cierto es que, escándalos al margen, los influencers logran conectar con los más jóvenes mucho mejor que los medios de toda la vida. Antes de irse de vacaciones, buena parte de las personas con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años utiliza Instagram como fuente de inspiración (la que les procuran a manos llenas los influencers).

Las recomendaciones de hoteles no dejan de ser publicidad que conecta excepcionalmente bien con un target muy concreto. Y la publicidad, digan lo que digan por ahí, se paga.

¿Por qué se han llevado entonces tantísimas personas las manos a la cabeza? ¿Quizás por la ingenuidad con la que Darby ha vendido las bondades de sus servicios como influencer?

Las marcas que colaboran con influencers suelen guardar bajo llave los honorarios que ponen en las manos que quienes les sirven de “conectores” con el público joven. Si es así, ¿por qué ha sorprendido tanto la cándida y torpe proposición de Darby? Básicamente porque el rifirrafe entre ella y Paul Stenson ha puesto de relieve el candor del influencer marketing (que como disciplina está aún, por su insultante juventud, en pañales). Y también porque el episodio ha vuelto a arrojar luz sobre una discusión casi tan vieja como el tiempo (y aun así no resulta): la discusión sobre la etiqueta y los códigos de los que adolecen algunos en los entornos profesionales.

¿No tendría más sentido poner el grito en el cielo por la ausencia de códigos en una disciplina como el influencer marketing donde las colaboraciones no pagadas (con dinero en métalico) entre influencers y empresas están al fin y al cabo a la orden del día?

Una cosa está clara de todos modos. Quienes aspiran a ser tratados con profesionalidad deben actuar también con un mínimo de profesionalidad, recalca Piskorz. Y quienes como Elle Darby se aprovechan de su estatus de influencers para servir a sus intereses privados (un fin de semana romántico en Dublín) deben lidiar también con las reacciones (no demasiado amistosas) a sus proposiciones.

Si el influencer marketing no fuera huérfano de estándares, Darby habría formulado probablemente su petición de otra manera, en un lenguaje de negocios que no habría espantado en absoluto a Stenson (por estar ya familiarizado con propuestas similares).

El influencer marketing funciona (así lo demuestran innumerables estudios) y si los influencers y las empresas quieren optimizar tan fenomenal negocio, deben trabajar codo con codo para lograr la profesionalización de su modelo de negocio y pulir también la etiqueta inevitablemente asociada a ese modelo, concluye Piskorz.

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