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Marketing

La cultura joven o la desconexión de la publicidad con el público que dirige la economía

Por qué la cultura pop es el lastre de la buena publicidad

El publicitario Bob Hoffman critica el excesivo foco del marketing actual en la cultura pop que describe como una forma "vaga y escasamente creativa" de hacer publicidad.

popA lo largo de los últimos años las críticas hacia la publicidad han crecido de manera evidente. La falta de efectividad y creatividad que reina en la industria no ha pasado desapercibida ni para el público ni para los propios profesionales que no consiguen devolver a la publicidad el brillo perdido.

Aunque las teorías sobre cómo se ha llegado a esta situación son muchas, el siempre controvertido Bob Hoffman tiene su visión particular de este problema y atribuye los malos tiempos que atraviesa la publicidad a su creciente vinculación a la cultura joven.

“La cultura pop y la moda siempre han sido estúpidas. Si quieres morir como un imbécil no prestes atención al arte, a la literatura, la historia, la ciencia o la naturaleza. Presta atención a las Kardahians”, señala en su blog Ad Contrarian.

Después de la Segunda Guerra Mundial nacieron lo que hoy conocemos como “adolescentes”, un grupo de jóvenes que pasaron de ser trabajar en las fábricas o en el campo para ayudar a sus familias a tener tiempo y dinero para invertir en cultura, música o moda.

Y con ellos nació la denominada cultura pop y se dio una “revolución creativa” en la publicidad que, en sus inicios nada tenía que ver con el estilo de vida que impuso el target joven, sino en los productos pero poco a poco, la cultura joven fue calando en los mensajes.

Una tendencia que fue recibida como algo emocionante por su novedad y diferenciación. Sin embargo, lo que ha cambiado desde entonces para Hoffman es que, la iconografía pop ya no es la excepción en la publicidad, es la norma.

“Se ha convertido en el lenguaje de la publicidad por defecto a pesar de que no es el lenguaje de la gente que dirige la economía y domina el comercio”, asegura.

Y es una tendencia que se retroalimenta. “Cuanto más vean los marketeros esta orientación de la publicidad hacia la cultura joven, más asumirán inconscientemente que este es el tono de voz adecuado en el marketing”.

Así, Hoffman señala dos razones por las que las agencias se han sometido al imaginario joven. La primera es la gran cantidad de empleados jóvenes que existen en ellas y que carecen del conocimiento a la hora de dirigirse a un público más maduro. “Cuando la gente que escribe los anuncios está desconectada de la gente que compra los productos, hay un problema”, asegura.

La segunda es que “rendirse ante la cultura joven es una manera fácil y atractiva de parecer relevante, especialmente si has sido seducido por el círculo vicioso del marketing y no entiendes el papel limitado que los jóvenes tienen en nuestra economía”.

De esta manera, señala que hay dos formas de hacer publicidad: la compleja que busca desvincularse de las tendencias y de la banalidad para buscar algo interesante que decir y la vaga y escasamente creativa basada en añadir algo de brillo a una figura pop que lleva dominando desde hace décadas la publicidad.

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