Marketing

El romanticismo, la nueva norma del (buen) marketing

En un momento en el que el consumidor ha tomado las riendas del mercado, a las marcas no les queda otra opción que ponerse a sus pies.

Las cada vez más exigentes demandas de los usuarios hacen que las compañías tengan que estar constantemente a la altura de sus expectativas, tarea nada fácil en los tiempos que corren cuando la competencia es feroz.

Es por ello que cobra tanta importancia la experiencia de usuario que, a estas alturas, debe situarse en el centro de toda estrategia de marketing de una marca.

Pero, ¿cómo satisfacer y sorprender continuamente a un consumidor que se caracteriza por la volatilidad de sus hábitos y comportamientos?

Para descubrirlo hemos acudido a Experience Fighters 2017 que ha tenido lugar en el auditorio del Museo Reina Sofía de Madrid.

Una verdadera lucha de ponentes de altísimo nivel que han tratado de dar con las claves para sacar una sonrisa al exigente consumidor.

Tim Leberecht, CEO y fundador de Leberetch & Partners, ha sido el encargado de dar comienzo a esta interesante jornada con su ponencia "The Business Romantic: 4 ways to build a human company in the age of machine" con la que ha querido reivindicar la humanización del mundo digital y recuperar el romanticismo.

"El romanticismo es una manera de mirar el mundo. Lo encontramos en nuestras relaciones personales pero también en los negocios. Se trata de enamorarte de todo lo que te rodea", comienza el ponente.

Aunque admite que es difícil encontrar la belleza en los negocios, el trabajo es la forma en la que encontramos significado a nuestra vida pues, explica, nos ayuda a superarnos y a alcanzar metas.

Sin embargo, la amenaza de que las máquinas sustituyan a los humanos es cada vez más patente. Por ello. Leberecht se pregunta: "¿Qué hacemos ante esto?"

"En un momento en el que todo es cuantificado y medido, debemos encontrar ese romance, esa magia. Necesitamos un nuevo romanticismo".

Y este romanticismo del que habla se basa en 3 principios:

1. Perder el tiempo

Nunca hemos estado tan conectados pero, al mismo tiempo, nunca hemos estado tan solos.

"Lo opuesto a la soledad no es estar juntos, sino la intimidad", asegura y lo que necesitamos es trasladar esa intimidad, esa conexión profunda al mundo de los negocios.

Así, "la experiencia de usuario es tiempo de calidad con él. Los mejores momentos de la vida son los que no se pueden medir ni cuantificar y necesitamos más momentos de esos en los que se establezca una intimidad".

2. Mantener el misticismo

Con esto, Leberech se refiere al misterio, la sorpresa y en esta tarea las nuevas tecnologías resultan de gran ayuda.

"La realidad virtual y aumentada son las herramientas del nuevo romanticismo mientras que la creatividad y la inteligencia emocional serán las habilidades más demandadas en el futuro al igual que los filósofos".

3. Sufrir (un poquito)

El ser humano se siente bien ante situaciones de peligro, pues son sensaciones que le hacen sentir vivo. "Ikea es el mayor ejemplo del concepto sufrimiento y frustración", bromea el ponente.

Son muchos los ejemplos de esta premisa como la viralización del Iced Bucket Challenge y es que, "cuanto más sufrimos, más valor encontramos, más significado".

En cuanto a la sustitución de las personas por los robots, Leberecht se muestra tranquilo. “Siempre y cuando podamos seguir sintiendo esa pasión no nos tendremos que preocupar por los robots”.

Pero también apuesta por un cambio de mentalidad en el mundo empresarial. "No se trata de ganar o perder si no de cómo ganas y también de cómo pierdes. Perder será en el futuro una cualidad esencial del liderazgo", afirma y añade: "Tenemos que aprender a perder para ser mejores, a pesar de que estemos programados para ganar".

De esta manera, el líder romántico se caracteriza por ser "amateur, conveniente y storyteller. Si no tienes locos, románticos en tu compañía no podrás llevar a cabo una disrupción tecnológica".

Y esa disrupción vendrá de la mano de la inteligencia artificial, las plataformas digitales y las experiencias inmersivas que son las que devolverán a los negocios el romanticismo perdido.

"Apreciemos el valor de lo que no podemos medir, diseñemos para conectar y no para ser relevantes o útiles. No queremos que curen nuestro dolor, solo queremos sentir".

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