Marketing

No son los expertos quienes cambian la historia, sino las personas corrientes

Sobre el origen del bikini y la falacia de los expertos

Los denominados expertos del marketing son desenmascarados por el autor Dave Trott que defiende que las decisiones y los cambios sociales las impulsan las personas corrientes.

En la sociedad, los negocios y la política, son los líderes, los que tienen el poder, los denominados expertos, los que toman las decisiones sobre distintos ámbitos. Se les presupone cierto conocimiento y experiencia que les otorga una autoridad moral para ello.

Sin embargo, no son los expertos los que cambian el curso de la historia, no son los que marcan el camino que la masa debe seguir y es que, lejos de ser los que lidera, son, en realidad, los que siguen.

Así lo defiende el autor Dave Trott en un interesante artículo que recoge Campaign y en el que, a través de la historia del origen del bikini, se evidencia que es la gente corriente la que toma las verdaderas decisiones.

La lección de historia comienza en 1946 cuando, por primera vez, Estados Unidos testó una bomba atómica en un atolón desierto del Pacífico. Dos diseñadores franceses lanzaron también por entonces una nueva modalidad de traje de baño consistente en dos piezas.

Una idea que Jacques Heim y Louis Réard tuvieron al mismo tiempo, aunque finalmente fue Heim el que se adelantó presentando al mundo un producto al que denominó “atome” por su capacidad, al igual que una bomba atómica, de provocar ondas expansivas.

Un nombre que, afirma Trott, a los expertos les pareció perfecto por lo que Réard se tuvo que conformar con tomar prestado el nombre de la isla en la que la bomba explosionó: Pikki-ni, Isla de los Cocos en la lengua local, pero a la que los americanos por comodidad denominaban bikini.

Lo sorprendente fue que el término del que se abanderó Réard caló entre la población americana, aunque, señala Trott, con un significado erróneo. Así, creían que “bi” significaba “dos” y “kini” pequeño por el tamaño de la tela.

Su popularidad hizo que el primer bikini de la historia, el “atome” cayese en el olvido para sorpresa de los expertos. “Pero el marketing no trata de lo que los expertos piensan, sino de lo que la gente común piensa”, destaca el autor.

El escándalo estaba asegurado en una sociedad en la que las mujeres no acostumbraban a mostrar demasiado y el revuelo, efectivamente, no tardó mucho en generarse, sobre todo, cuando Réard decidió dar un paso más y seguir reduciendo la tela del traje de baño hasta convertirlo en un tanga.

Por si la provocación de tal prenda no era suficiente, el claim con el que se promocionaba puso la guinda al pastel: “No es un verdadero bikini a menos que lo puedas pasar por una alianza”.

Ninguna modelo profesional accedió a fotografiarse con el nuevo bikini y fue, finalmente, una stripper la que accedió. Y se armó el escándalo.

Las autoridades americanas pusieron el grito en el cielo en un momento en el que los bikinis de las películas de Hollywood apenas dejaban una franja del estómago de las mujeres al descubierto.

Pero, a pesar de todo, la popularidad del bikini siguió creciendo como la espuma. “Los expertos dirán que fue porque los hombres querían que las mujeres enseñasen más carne, pero la realidad es la contraria. Eran las mujeres las que querían un bronceado bonito sin importar si tenían que enseñar su obligo”, explica Trott.

Una vez más, los expertos se equivocaron pensando que la prenda era un traje de baño cuando lo cierto es que se había convertido en una pieza de ropa para tomar el sol.

“Los expertos deben fingir que saben lo que la gente va a pensar en el futuro. Por ello reinventan el pasado, o el futuro, basándose en lo que saben del presente. Sorprendentemente, en lo que los expertos son realmente expertos es en encontrar gente que pague por sus opiniones”, concluye Trott.

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