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Cuando la publicidad toma las calles: si el consumidor no va al anuncio, entonces éste va al consumidor

Redacción

Escrito por Redacción

Ya no hace falta dirigirse a un establecimiento físico para comprar. Ni tampoco navegar por internet para encontrar las más novedosas promociones sobre algún tipo de servicio o producto. Éstas se encuentran en la calle y, seguramente, sepa de lo que le hablamos.

Centro de Madrid: Sol, Gran Vía, Callao, Plaza de España… Si pasea por todos estos lugares se encontrará a cientos de personas que se dirigen a usted por varias razones: son repartidores de flyers de alguna peluquería o esteticién; voluntarios de alguna ONG que le sugieren que ayude a los niños pobres del tercer mundo o a combatir alguna enfermedad; mensajeros que reparten folletos con información del buffet libre del restaurante de la esquina o sobre el espectáculo “Carmen”, que ha tenido lugar estos últimos meses en Madrid y que está a punto de finalizar.

O los “Compro oro”. ¿Qué nos dice de ellos? Ellos son los que han supuesto un importante aumento en la publicidad callejera en cualquier zona del país. No hay día que no salga a la calle y se tope con su peculiar chaleco amarillo fosforito cuyas letras son “Compro oro”. Le detienen y le animan a llevar a sus  establecimientos el oro que ya no necesita para que ellos, y por supuesto usted también, puedan hacer negocio con él.

La crisis que nos azota desde hace algunos años es la causante de este tipo de publicidad. Antes no era necesario salir a la calle para “asaltar” a los viandantes y convencerles de que compraran cualquier marca o producto pero ahora sí, ahora es mucho más necesario que justo.

 

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