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¿Jingle o single? La relación secreta entre la música y la publicidad

"Hot Cheetos and Takis" ha logrado ser la última sensación musical del momento. Los Y.N.RichKids y su canción sobre los snacks se han convertido en un hit de este verano en Estados Unidos, pero pocos se han preguntado si era una canción inocente o un anuncio, si esos pequeños raperos del programa de clases extraescolares Nellie Stone Johnson Beacons Center de Minneapolis eran un arma secreta de alguna gran multinacional.

Desde que en la Nochebuena de 1926 se lanzó el primer jingle en radio cantado por The Wheaties Quartet el formato ha sido estigmatizado. Porque mientras un jingle no existiría si nadie pagara por él, hacer una canción es algo reservado a unos pocos talentos. Un jingle se ve como algo barato, una canción es arte, asegura Chris Koentges en Marketing Mag.

Lo cierto es que la musa de la inspiración puede tomar muchas formas. En las novelas de autores como David Foster se recurre a nombres comerciales no por el dinero, sino por dar verosimilitud a la historia. Y es que una musa no tiene por qué parecerse al antiguo ideal de la Antigua Grecia, sino que para un grupo de chavales que apenas alcanzan el metro de estatura su musa puede ser una bolsa de sus snacks favoritos.

Y, en caso de que se trate de un jingle, ¿cuál es el problema? Como explica Charlie Hopper, de Young & Laramore, “un jingle se envuelve a favor de un argumento que se ha manipulado para ganar. Una canción puede terminar en una conclusión satisfactoria, pero el cantante experimenta una fricción durante el camino. En un jingle no hay fricción”.

Para Kaplan Thaler, autor de “I Don’t Wanna Grow Up” para Toys 'R' Us, un jingle no tiene éxito si lo escuchas por primera vez y te gusta. Tiene que infectarte como un zombie, tienes que escucharlo y sentir la necesidad de cantarlo, y también de que los demás lo hagan. Lo pones de todo de llamada en tu móvil, lo escuchas en loop en YouTube y, al final, tu compromiso con el jingle y con la marca asociada, es darlo a conocer.

“Hot Cheetos and Takis” no ha logrado convertirse en la canción del verano por culpa de Carly Rae Jepsen y su “Call Me Maybe”. Lo que no muchos saben es que el productor de este tema fue John Ramsay, conocido por su carrera en la creación de jingles publicitarios y quien reconoció que el éxito de Jepsen en realidad era un anuncio para una compañía de telefonía móvil que esperaba para cerrar un acuerdo.

“No puedo esperar a ver a Michelle Obama convenciendo a los Y.N.RichKids para que empiecen a rapear sobre frutas y verduras”, aseguró Rembert Browne, de Grantland, sobre los pequeños de Minneapolis.

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