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10 razones por las que la publicidad desprende un tufo tan repugnantemente nauseabundo

publicidadHay excepciones a la norma por supuesto, pero la publicidad desprende por lo general un hedor que es insportable incluso para la bregada (en mil y un tufos) pituitaria del consumidor

El tufo de la publicidad es particularmente nauseabundo en internet, donde, ante semejante hediondez, cada más consumidores se están tapando la nariz con la ayuda de los omnipresentes adblockers.

Hay muchas razones por las que la publicidad apesta, pero Jeff Jarvis ha hecho un ejercicio de síntesis y enumera a continuación en Observer las principales, las más malolientes:

1. La publicidad es casi siempre irrelevante.

2. Es repetitiva de una manera espantosamente opresiva. ¿El principal culpable? El denominado retargeting al que no se le olvida que en un determinado momento hemos visto unos pantalones en internet y se las ingenia para que esos pantalones nos acechen, cual “stalkers”, por todos los rincones de la red de redes.

2. Aun teniendo a su vera al Big Data y la inteligencia artificial, la publicidad sigue siendo estúpida. No parece enterarse de que ya hemos comprado los pantalones “acosadores” y nos los sigue mostrando en todas las páginas web.

4. La publicidad interrumpe, primero en la radio, después en la televisión y ahora también en nuestro “newsfeed” en Facebook.

5. La publicidad es intrusiva y se mete en las entretelas de la privacidad del consumidor sin que éste sea siquiera consciente de ello. Los anunciantes recopilan miles de datos sobre los que el consumidor no tiene apenas control y donde la falta de transparencia es la norma.

6. La publicidad es terriblemente irritante. Siempre lo ha sido en realidad. También en la era de Mad Men.

7. La publicidad es chabacana hasta la médula y contamina visualmente el paisaje urbano. ¿Lo peor? Que, como la gente hortera y huérfana de buen gusto, se rige por el mantra de “más es más”.

8. La publicidad es ineficiente. Su único avance en los últimos años es que ahora, gracias a internet, los anunciantes lo tienen muchoo más fácil para seguir la pista al dinero que tiran por la basura (en publicidad).

9. A la publicidad le crece la nariz como a Pinocho.

10. La publicidad es un insulto a la inteligencia del consumidor.

Está claro que la publicidad apesta, pero ¿cuál es entonces la solución a su pestilencia? ¿La publicidad nativa? No nos engañemos, la publicidad nativa es solamente el disfraz con la que la publicidad apestosa de toda la vida quiere disimular su hedor.

Si la publicidad quiere de verdad desprenderse del hedor que la acompaña desde hace décadas debe ponerse el traje de la utilidad y de la relevancia, y ese traje utiliza como patrón las relaciones que son beneficiosas tanto para los consumidores y los anunciantes como para los medios.

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