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Las 5 "drogas" favoritas (y más "alucinantes") de los publicitarios

drogasKofi Annan, el ex secretario general de la ONU y eterno "doppelgänger" de Morgan Freeman, abogaba hace poco la legalización y la despenalización de las drogas, esas que algunos consumen con fruición con la esperanza de toparse de frente con la "idea del millón de dólares", echarle el guante y no dejarla escapar jamás.

Entre quienes consumen sustancias prohibidas con fines supuestamente creativos figuran, como no podía ser de otra manera, los publicitarios. Pero, ¿con qué tipos de drogas calman los publicitarios su voraz apetito creativo? Max Lederer, director de la agencia alemana Jung von Matt/Next, disecciona con mucho sentido del humor en un artículo para Horizont (que no pretende ni quiere que lo tomen en serio) las drogas favoritas de los publicitarios:

1. El éxtasis
Los “peces gordos” de la industria publicitaria viven permanentemente con un (nuevo) miedo en el cuerpo. Los futurólogos de la publicidad (que están por todas partes) les han dicho que su sector va a cambiar por completo en los próximos años (tanto que no lo va a reconocer ni la madre que lo parió). Y las culpables del cambio que tiene temblando de miedo a los publicitarios no son las nuevas tecnologías, son las mujeres. Después de conseguir el derecho al voto y de luchar por su autodeterminación sexual, las féminas se han enfrascado en otra batalla: la batalla por la igualdad de salarios y la igualdad a la hora acceder a puestos directivos en las agencias de publicidad (rebosantes, hasta ahora, de testosterona). Y los hombres, que llevan siendo los “reyes de la manada” en las agencias desde el principio de los tiempos, se han arrojado en brazos del consumo masivo de éxtasis para conectar emocionalmente con esas mujeres a las que muy pronto deberán tratar como iguales (e incluso obedecer) y para alumbrar campañas que pongan de relieve el poderío femenino (sí, esas que tanto triunfan en los festivales publicitarios).

2. El LSD
Todos los creativos saben (o deberían saber) que las buenas ideas son fruto del trabajo duro y de una disciplina férrea en la que no tienen cabida ni el alcohol ni el tabaco. No en vano, los ceniceros que en la era de Mad Men había por doquier en las agencias de publicidad han sido reemplazados por las mucho más saludables cestas de fruta. La publicidad es hoy una profesión de gente sanísima que enarbola con orgullo el viejo lema de “mens sana in corpore sano”. Sin embargo, y como en todo, hay una excepción a la norma. Y esa excepción a la norma la hallamos en las agencias digitales, cuyos creativos tienen que recurrir al LSD para seguir “alucinando” y creando “palabros” (y conceptos) totalmente carentes de sentido, pero “cool”.

3. El crack
Sucede todos los días en las grandes agencias de publicidad: los publicitarios “amenazan” a sus clientes con creatividad en estado puro. ¿Lo que no saben el resto de los mortales (los ajenos a la industria publicitaria)? Que si los anunciantes ceden a las amenazas creativas de los publicitarios es porque son “drogados” con toneladas y toneladas de crack. Es el crack el que hace posible que los clientes “traguen” y acaben creyendo que el dúo formado por zombis y crema hidratante es una idea francamente maravillosa (y hasta merecedora de premios).

4. Las células madre de oso panda
Las células madre de oso panda, una suerte de “criptonita” contra la impotencia, son muy consumidas en las agencias de medios (adonde llegan, como todas las drogas carísimas, de la mano de traficantes ucranianos de armas). Allí son la droga favorita de los becarios y los estudiantes en prácticas, que ven en las células madre de oso panda la única manera de combatir la espiral de pasividad y ganancias astronómicas en la que están inmersas desde hace tiempo las agencias de medios.

4. La cocaína
En los años 80 la cocaína era la reina en las agencias de publicidad. Más de 30 años después, y como otros clásicos publicitarios (el spot de 30 segundos, por ejemplo), la cocaína se ha quedado “demodé” y ha sido reemplazada en el corazón (adictivo) de los publicitarios por sustancias mucho más sofisticadas (y de nombres mucho más rimbombantes).

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