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Cómo ser un creativo novato y no morir en el intento

7 consejos muy "pro" que son brillantes perlas de sabiduría para los creativos novatos

Los creativos que se acaban de estrenar en la a menudo compleja galaxia publicitaria agradecerán estos consejos repletos de sabiduría.

novatosQuienes aún libres de incómodas (que no feas) arrugas y canas surcando su rostro y sus cabellos se zambullen por primera vez en el proceloso océano de las agencias de publicidad se topan de bruces con el desengaño, el desengaño emanado de la manifiesta inutilidad de la excelsa sabiduría que los creativos más veteranos alojan supuestamente en sus regias seseras.

A los gurús de la publicidad se les llena la boca asegurando que hay asumir riesgos, no perder la pista a los sueños e inocular elevadas dosis de pasión en todos los proyectos que llegan a sus manos. Pero, ¿son realmente útiles tan elevados (y trilladísimos) consejos para el devenir diario de los creativos más bisoños? Probablemente no.

Por esta razón Rachid Ahouiyek, director creativo de Iris y con unos cuantos años de experiencia sobre sus espaldas en la arena de la publicidad, desgrana en un artículo para Muse unos cuantos consejos «pro» a los que los creativos novatos podrán sacar (esta vez sí) todo su jugo:

1. Póngase en los zapatos de todo el mundo

En la galaxia publicitaria en particular y en el universo laboral en general la a menudo ninguneada empatía es absolutamente clave. Es necesario comprender (o al menos intentarlo) las esperanzas y los miedos que reconcomen por dentro a cuantos tenemos a nuestro alrededor. Y para ello hay que prestar suma atención al lenguaje corporal y las palabras de quienes tenemos enfrente (en particular si son clientes). La empatía no reparará automáticamente relaciones teñidas de complejidad, que las hay en enorme cuantía en la industria publicitaria, pero hará mucho más fácil el viaje que deben emprender juntas las personas involucradas en tales relaciones.

2. No confíe demasiado en la atención (inevitablemente exigua) que van a recibir sus ideas

Puede que la idea que tenga entre manos sea el summum de la innovación y la originalidad, pero si se la presenta al cliente con un PowerPoint de 154 diapositivas es muy probable que su grandeza creativa se diluya como un azucarillo. Para que la idea de marras deje realmente poso en el anunciante y éste tenga a bien aprobarla es a menudo mucho mejor un vídeo breve y sencillo. ¿La clave? Ponerle las cosas fáciles (y casi masticadas) al cliente.

3. Aprenda jugar al rugby (en sentido metafórico)

Los creativos deber ser conscientes de que las ideas que brotan de sus cabezas son como un balón de rugby. Todo el mundo quiere echar el guante a su balón. Pero ese balón debe ser protegido con uñas y dientes en el terreno de juego para esquivar eventuales daños (siendo los más graves los infligidos por la mediocridad). Y sólo debe ser pasado a otra persona cuando su dueño, el que lo ha agarrado por primera vez, siente que de verdad ha llegado el momento de que la pelota cambie de manos.

4. Sea (soberanamente) estúpido

La estupidez es en realidad asombrosamente valiosa en la industria publicitaria. Ejemplo más que palpable de ello son las sesiones de «brainstorming», donde las mejores ideas son a menudos hijas de la estulticia pura y dura. Los creativos deben dejar aflorar las memeces que revolotean en sus cabezas y aportar después algo inteligente a tales memeces. ¿El problema? Que muchos creativos siguen el camino inverso.

5. Un 7 sobre 10 está bien (a veces)

Recoja esa idea que acaba de arrojar al cubo de la basura. La grandeza es un objetivo sumamente loable, pero lamentablemente no logra anidar en todos los proyectos (y no hace falta que lo haga tampoco). Además, con la grandeza permanentemente en pie de guerra, la vanidad no tarda en emerger y quienes se ponen la vanidad por montera y no logran mirar más allá practican muy a menudo el esclavismo con las personas que tienen a su alrededor (incluso si son sus propios clientes).

6. Mantenga a raya los humos (para que no se le suban)

En muchas agencias de publicidad los creativos (aun siendo todavía extraordinariamente bisoños y parcos en experiencias) son elevados a la categoría de directores creativos en un santiamén. Y no pocos utilizan tal cargo como una suerte de altar al que se elevan y no se digan jamás a bajar. A los buenos directores creativos no se les paga, sin embargo, para caminar por las agencias como «semidioses» y mirar eternamente por encima del horno a la plebe creativa. Se les paga en realidad para inspirar, enseñar y procurar aliento a sus empleados (por mucho que a algunos se les olvide).

7. No olvide que a la gente le cuesta horrores cambiar

Si la cultura del equipo que le ha tocado en suerte en una agencia no resulta de su gusto, lamentablemente ninguna operación de «maquillaje» (aderezada con una cuantas charlas motivacionales) va a cambiar nada. Para que realmente tenga lugar el ansiado cambio, hay que abrir la puerta a nuevas personas, con la esperanza de que éstas superen eventualmente en número a quienes forjaron la primera cultura de trabajo y se abra paso eventualmente una nueva manera de hacer las cosas.

 

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