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Ad blockers: de revolución de los usuarios a ¿nueva mina de oro para los gigantes?

revolucionLa industria publicitaria se rasga las vestiduras cada vez con más fiereza preguntándose qué ha hecho mal para que un fenómeno como el ad blocking les esté tirando por tierra un negocio que, hasta el momento, consideraban que era perfecto.

Pero, ¿se han preguntado para quién era tan perfecto? Mucho hablamos en los últimos tiempos de conceptos tan “vanguardistas” como el customer centric o la personalización en pos de los intereses y necesidades de los usuarios. Pero, queridos amigos, puede que hayamos llegado un poco tarde.

Durante años agencias, anunciantes y editores se han dedicado a bombardear a los internautas con ingentes cantidades de publicidad que, en muchos casos, lo único que hacía era entorpecer la experiencia de navegación, dificultar el consumo de los contenidos y añadir una gota más al ya rebosante vaso de la paciencia del usuario.

La única vía de escape que le hemos dejado han sido los ad blockers. Una herramienta con la que poner un muro entre sus intereses y el escenario que hemos construido, haciendo pagar a justos por pecadores. Ahora que el crecimiento en el uso de los bloqueadores de publicidad parece que no quiere conocer límites, se han encendido todas las alarmas. Como veíamos hace unos días, no hemos aprendido nada.

Ahora que se le han visto las orejas al lobo parece que la industria poco a poco comienza a entender que es el momento de unificar criterios y actuar de forma conjunta para llegar a una solución que satisfaga a todos. Un utópico camino al que ahora se añade un nuevo acompañante que podría hacer que la meta que recientemente hemos comenzado a perseguir, se vislumbre un poco más difusa.

¿Se están alterando las perspectivas del negocio publicitario? Una reflexión que se plantea Enrique Dans, profesor de Sistemas de Información en el IE Business School que, a través de su blog, explica que los ad blockers están pasando de ser “una especie de revolución popular”, a un interesante escenario en el que gigantes tecnológicos como Apple o Microsoft, han comenzado a dar los primeros pasos para “retirar la publicidad de delante de los ojos de los usuarios”.

Vayamos por partes. Durante la última sesión de presentación realizada para desarrolladores web de Edge, navegador de Microsoft que sustituyó a Internet Explorer y que incluye por defecto Windows 10, se explicaba casi sin llamar la atención en una de las diapositivas, la intención de la compañía de incluir en el mismo un bloqueador de publicidad de serie.

Una posibilidad que rápidamente ha sido desmentida pero que, tal y como señala Dans, se hubiera tratado de un movimiento maestro. Analizando la situación actual, es innegable que la tendencia en materia de ad blocking es que continúe aumentando y que cada vez sean más los usuarios que instalan uno en sus dispositivos. ¿No sería lo más adecuado que sean las compañías las que comiencen a instalarlo de serie y ofrecérselo a sus clientes?

Una idea nada descabellada y más en el caso de Microsoft que se ha desvinculado del negocio de la publicidad. “Ha dado totalmente por perdida la inversión que hizo en la adquisición de aQuantive por seis mil millones de dólares en 2007, parece claramente decidido a mantenerse fuera de ese mercado”, afirma Dans.

La empresa además está observando detalladamente los pasos que Apple está dando para incluir las extensiones de bloqueo que puso en marcha con la actualización de sus sistema operativo en 2015. “La oportunidad de ofrecer a tus usuarios una mejor experiencia de navegación al tiempo que lanzas un torpedo a la línea de flotación de alguno de tus competidores importantes podría resultar una jugada interesante”.

La conclusión a la que llega Dans deje entrever que podríamos comenzar a dirigirnos hacia un mundo en el que nos encontrarnos con usuarios que por el simple hecho de haber comprado un determinado dispositivo o prestar sus servicios en una determinada empresa, trabajar con un ad blocker de serie propiedad de la propia compañía creadora del producto, sería la norma. “Ya no va a ser cuestión de ‘sacar la artillería’, sino de ser capaz de redefinirse a tiempo”.

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