Marketing y Publicidad

Los publicitarios y su afán por estar encerrados en su burbuja

Asumámoslo de una vez por todas: a la gente le importa un comino la publicidad

Incapaces de mirar más allá de la burbuja en la que se han encerrado a sí mismos, los publicitarios creen falazmente que el consumidor solo tiene ojos para sus anuncios (cuando en realidad los ignora sistemáticamente).

publicidad

Autor de la imagen: Pigmy Sticks

A los publicitarios (poseídos no pocas veces por el egocentrismo más acendrado) le sangrarán probablemente los oídos al escuchar estas palabras, pero lo cierto es que la profesión que con tantas ínfulas desempeñan no le importa nada (absolutamente nada) a la gente.

Más allá del "mundillo" (inevitablemente pequeño) en el que se mueven los publicitarios, la voz de la publicidad es extraordinariamente sigilosa. Y pocas se percatan de ella, incluso cuando está ungida con elevadas dosis de creatividad y es supuestamente imposible apartar los ojos de ella, asegura Olly Cooper en un artículo para Campaign.

Bien es cierto que la gente mira los anuncios. ¿Cómo no iba a hacerlo si están en todas partes? Pero el consumidor no se toma ya la molestia de registrar esos anuncios en su cabeza, felizmente ocupada en cosas mucho más interesantes y probablemente urgentes. Si acaso repara en aquellos anuncios que dan cuenta de ofertas extraordinariamente suculentas (como la posibilidad de comprar un menú completo en Burger King por apenas 4 euros).

En el pequeño mundo feliz en el que habitan los publicitarios la profesión que les ha tocado en suerte es eternamente protagonista de una supuesta revolución (¡faltaría más!). Pero esa revolución se diluye como un azucarillo fuera de la incandescente mente creativa de los publicitarios.

La publicidad no está cambiando el mundo. Y no está revolucionando la manera en que la gente se relaciona con las marcas. Esa revolución habita únicamente en las entrañas de la burbuja en la que los publicitarios se han encerrado a sí mismos para escapar de la dura realidad que hay ahí fuera.

Los publicitarios deben salir de su propia burbuja para aterrizar en el mundo real

Cuando los publicitarios se conectan a Twitter o LinkedIn, están expuestos de manera constante a los contenidos que comparten sus colegas de profesión. Unos colegas que vierten litros y litros de saliva hablando de la publicidad (y colmando de loas a su profesión). Pero fuera de la burbuja en la que los publicitarios se han enclaustrado voluntariamente a sí mismos el amor que la gente prodiga a la publicidad es poco o directamente nulo.

Los publicitarios alumbran campañas asumiendo (falazmente) que la gente se interesará por ellas y eventualmente terminará amándolas. Asumen que la dirección de arte de sus anuncios obnubilará a quien espera paciente el metro en un andén lleno hasta la bandera de transeúntes. Asumen que las llamadas a la acción de sus anuncios lograrán que el consumidor deje de lado el hilarante viral que está contemplando en YouTube. Y asumen sus mensajes dejarán sin aliento a esos padres que se afanan en dar de cenar a sus hijos, bañarlos y meterlos en la cama a una hora decente.

En que los publicitarios hagan tantísimas asunciones (fuera de la realidad) influye el hecho de que viven rodeados de clones, de personas exactamente iguales que ellos. Pero los consumidores se comportan de manera radicalmente opuesta a los publicitarios y a ellos la publicidad les importa un camino, subraya Cooper.

Los publicitarios necesitan escapar de la burbuja en la que se han encarcelado de buena gana. Deben recordar que a quien debe gustar su trabajo no es sus colegas de profesión y a los jueces de Cannes Lions sino al consumidor de a pie.

Una vez hecha añicos la burbuja en la que han vivido atrapados durante años, los publicitarios deben atreverse a vivir en el mundo real, en el mundo en el que habita al consumidor. ¿El objetivo? Alumbrar anuncios dueños de mensajes tan impactantes y rompedores en los que la gente no pueda evitar clavar en ellos sus pupilas (para a continuación seguir sus dictados). De lo contrario, del vientre de la publicidad seguirán emergiendo anuncios contagiados del  recalcitrante "ombliguismo" de los publicitarios y la gente mirará hacia otro lado cuando se tope con ellos, concluye Cooper.

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