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Diciendo adiós al tabú de la edad en las agencias

Bienvenidas (sabias) canas y arrugas: por qué la industria publicitaria sí es país para viejos

Del mismo modo que la sociedad no cobija en sus entrañas a un único tipo de persona, tampoco las agencias deberían nutrirse única y exclusivamente de jóvenes.

viejismo

Autor de la imagen: Marcelo Monreal

En la industria publicitaria, tan adicta a la juventud (a menudo impostada mediante el bisturí) muy pocas personas mayores de 40 años se la ingenian para irrumpir profesionalmente en un sector que aborrece con sumo descaro las canas y las arrugas. Además, a quienes ya se abrieron paso hace tiempo en la industria se les hace no pocas veces cuesta arriba seguir siendo relevantes cuando rebasan cierta edad (sin que ello signifique que sean ancianos ni mucho menos).

Las personas mayores de 40 años son sistemáticamente pasadas por alto, infravaloradas e ignoradas por las agencias, que prefieren zambullirse en las aguas de la juventud para pescar talento, como si éste estuviera reñido con las canas y las arrugas, se lamenta Anna Dalziel en un artículo para Campaign.

El denominado «edadismo» (también conocido como «viejismo») lleva siendo un tabú desde hace mucho tiempo en la publicidad y es hora de hincarle el diente, con el último objetivo de «asesinarlo» de una vez por todas.

Obcecadas con la novedad, la juventud y la innovación, las agencias han terminado por contemplar la edad como un obstáculo cuando en realidad es un «superpoder».

La mejor creatividad nace del vientre de la diversidad 

Del mismo modo que la sociedad no cobija en sus entrañas a un único tipo de persona, tampoco las agencias deberían nutrirse única y exclusivamente de jóvenes.

Para hacer llegar sus mensajes de manera realmente efectiva a la gente, las agencias y las marcas deberían dar cuenta en sus propios dominios de la misma diversidad demográfica que hay en la sociedad (esa en la que deberían aspirar a reflejarse como un espejo).

Es de la amalgama de diversas generaciones (de la diversidad, al fin y al cabo) de la que brota en último término la creatividad más excelsa.

La creatividad no está afortunadamente a merced del «edadismo» y es capaz de plantar su simiente en personas de todas las edades. El talento es exacerbado hasta el infinito y más allá cuando echa anclas en la diversidad (en sus múltiples vertientes).

Lo nuevo no es sinónimo de mejor. La innovación y la juventud no son conceptos intercambiables entre sí. Y superar la frontera de los 40 no significa estar muerto profesionalmente.

Es el momento de que la industria publicitaria se cure de su ponzoñosa alergia a la edad. Los años no sustraen talento a quien los cumple, lo suman, concluye Dalziel.

 

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