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Brandalism, el movimiento que cambia publicidad por arte, pone el ojo en los creativos

brandalism-marcuse¿Ha oído hablar alguna vez del Brandalism? Se trata de un movimiento que aboga por la sustitución, de forma ilegal, de la publicidad exterior o la que aparece en el mobiliario urbano como paradas de autobús por arte.

Sus orígenes son inciertos aunque muchos lo ubican en los disturbios que se vivieron en Londres durante el verano de 2011, tras la muerte del joven de 29 años Mark Duggan a manos de la policía. Durante cinco días la capital británica fue testigo de numerosas manifestaciones y enfrentamientos que se tradujeron en unos daños para la ciudad de unos 142 millones de dólares.

Aunque la muerte de Duggan fue el detonante, uno de los cabecillas de las manifestaciones explicó en The Guardian que estaban asistiendo al hartazgo de la población ante la corrupción y codicia de los políticos, las restricciones en los medios de comunicación y el rescate de los bancos.

Pero el término de Brandalism fue creado por Robert Marcuse que asegura que las industrias de la publicidad y el marketing también tuvieron su parte de culpa. “La publicidad nos dice lo que queremos y lo que necesitamos. Fomenta la desigualdad de clases. Esta no generó los disturbios pero sí fue uno de los factores que los motivaron”.

¿Qué persigue el Brandalism?

Así nacía este movimiento puesto en marcha por Marcuse y un grupo de amigos artistas dedicados a la recuperación del entorno visual exterior para alejarlo del control corporativo. Tal y como recuerdan desde Business Insider, el primer gran proyecto de Brandalism se realizó en 2012 para combatir la manía de las marcas por acaparar toda la atención sobre los Juegos Olímpicos celebrados ese año.

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Marcuse afirma que no encuentran diferencias entre las distintas agencias de publicidad ya que, según su criterio, todas forman parte de la misma idea. La elección del exterior para estas acciones no ha sido casualidad. De sus palabras se desprende que cuando compramos una revista o vemos un anuncio en televisión existe cierto grado de consentimiento por parte del usuario. Elección que no tenemos con los soportes de exterior.

“Se trata de una rebelión contra el control corporativo de la esfera visual por parte de las marcas y empresas. Las que más dinero tienen son las que pueden lanzar sus mensajes y recibimos sus acciones sin que nos hayan pedido ningún tipo de permiso”, explica Marcuse.

Un movimiento que encuentra su inspiración en la decisión tomada en Sao Paulo (Brasil) de prohibir la publicidad exterior en 2007. “Consideraron que la contaminación visual, al igual que los gases o el ruido, es perjudicial”.

Pero la industria publicitaria puede estar tranquila porque no nos encontramos ante acciones regulares sino que tienen carácter esporádico. La última realizada a gran escala tuvo como escenario París en diciembre de 2015 con motivo de la celebración de la XXII Conferencia sobre Cambio Climático.

Un grupo de artistas aprovechó que los focos mediáticos de todo el mundo posaban sus ojos sobre la capital francesa para elaborar 600 piezas de arte que sustituyeron a los anuncios de la ciudad. Marcuse recuerda sobre estos hechos en la entrevista concedida a Business Insider que no hubo detenidos y que algunos trabajadores de JCDecaux llegaron incluso a confundirles con empleados en su primer día de trabajo.

Quieren sumar a los creativos

Una acción más pequeña pero que despierta nuestro interés tuvo por objetivo intentar convencer a los creativos de que cambiasen de bando y se uniesen al Brandalism. Para ello cuestionaron los valores de agencias como Ogilvy, BBDO y J. Walter Thompson colocando anuncios reivindicativos cerca de las oficinas con las que estas agencias cuentan en Londres.

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Marcuse asegura que la respuesta fue bastante positiva pero ninguno de los empleados de estas agencias estaba dispuesto a dejar su trabajo para sumarse a este movimiento voluntario. La campaña se está dirigiendo a ONG y organizaciones sin ánimo de lucro que luchan por el cambio social y, de esta forma, si se han sumado algunos creativos para concienciar sobre temas como la crisis de los refugiados o la lucha contra el cambio climático.

Desde su experiencia cree que cambiar el mundo de la publicidad es una ardua tarea. Señala que creyó ver el inicio de una nueva era con la campaña sobre mujeres reales de Dove pero deja claro que con la misma Unilever, compañía a la que pertenece la marca, únicamente buscaba aumentar beneficios.

Una cosa queda clara: el Brandalism no es un movimiento que se vaya a extinguir poco a poco como los factores que desembocaron en las mencionadas revueltas de Londres de 2011. Cada vez cuenta con más adeptos y Marcuse ya está trabajando en su próxima acción que, obviamente, no ha revelado.

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