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Sin riesgos no hay paraíso en la publicidad

Cómo perder el miedo a nadar entre tiburones (o riesgos) en la publicidad

La mejor publicidad es aquella que emerge del vientre del miedo y para asumir riesgos los publicitarios necesitan acomodarse en entornos más o menos seguros.

riesgosEn la publicidad a algunos se les llena la boca a la hora de hablar de la importancia de asumir riesgos. Tanta saliva se gasta en la industria publicitaria a la hora de poner en valor la valentía que no son pocos quienes no pueden reprimir un bostezo (de aburrimiento) cuando a sus oídos llega una y otra vez la misma cantinela.

Y pese que la valentía se ha convertido en una suerte de cliché (casi vacío de sentido) en la industria publicitaria, lo cierto es que sólo cuando los publicitarios tienen a bien zafarse de los temores, se topan de bruces con conexiones reales e inesperadas con los consumidores, esas que las marcas buscan con tantísimo denuedo, explica Rafael Rizuto en un artículo para Muse.

Pero, ¿cómo hablar (hasta la saciedad) de asumir riesgos en un entorno, el marketero, tan dominado por el miedo?

Para responder adecuadamente a esta pregunta quizás sea positivo echar mano del concepto de “riesgo moral”, ese al que se encomiendan quienes asumen más riesgos en sus decisiones a sabiendas de las eventuales consecuencias negativas de sus actos no las asumirán ellos sino otras personas.

El denominado “riesgo moral” es un fenómeno que acontece de vez en cuando en la psique humana y nos mueve a hincar el diente a más riesgos cuando sentimos que estamos seguros.

Es el “riesgo moral” el que impele a un “snowboarder” a ser más audaz en la práctica de su deporte favorito cuando tiene un seguro médico a su vera, a un nadador a adentrarse más en el mar cuando hay un salvavidas cerca, o a un conductor a pisar más el acelerador cuando lleva puesto el cinturón de seguridad.

Sin “riesgo moral” de por medio, somos mucho más cautos a la hora de asumir riesgos y si nos subimos, por ejemplo, a una bicicleta sin casco, es probable que no mostremos un comportamiento tan audaz como con un casco sobre nuestras cabezas.

El concepto de “riesgo moral” que tan fenomenalmente bien se aplica a tantísimos ámbitos de la vida puede anidar también perfectamente en la industria publicitaria.

Si la publicidad desea que cuantos se desenvuelven en sus dominios asuman riesgos, es absolutamente imperativo tomarse la molestia de alentar un entorno seguro.

Pero, ¿cómo se engendra seguridad en la industria publicitaria para que de esa seguridad broten a continuación riesgos? Hay muchas posibles respuestas a esta pregunta, pero estas que recoge a continuación Rizuto son probablemente las más eficaces:

1. Diversidad

Aquellos entornos de trabajo que cobijan en su seno a personas de orígenes diferentes están más prestos a cabalgar a lomos del riesgo.

2. Transparencia

En la publicidad, como en la vida en general, la gente necesita saber hacia dónde encamina sus pasos. Una atmósfera transparente es el mejor antídoto para el tóxico hermetismo tan común en la industria publicitaria.

3. Empoderamiento

Nada vence a la confianza. El sentimiento de ser empoderado saca a relucir lo mejor de la gente que trabaja en la arena de la publicidad.

4. Cultura

La cultura no es sino el resultado de los tres elementos enumerados con anterioridad. La cultura lo es todo. Es el bien intangible que lleva al estrellato (o en su defecto estrella) a las agencias.

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