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Por qué la irracionalidad es oro puro para los publicitarios

Cómo perder la razón (publicitaria) sin pecar de idiota en 4 cuatro sencillos pasos

Cómo perder la razón (publicitaria) sin pecar de idiota en 4 cuatro sencillos pasosSer irrazonable (y dejar en la estacada a la todopoderosa razón) no es excusa en modo alguno para ser un idiota. Hay quienes son irrazonables en el buen sentido y quienes lo son en el mal sentido. Quienes se zafan de la razón (para bien) lo hacen para plantear desafíos a sí mismos y a cuantos están a su alrededor. Quienes dejan en la estacada (para mal) a la razón lo hacen enarbolando la bandera de la intransigencia.

Y pese a que pegar un tiro a la razón no siempre es bueno, en su acepción más positiva la irracionalidad es necesaria para sacar adelante los cambios, esos que están a la orden del día en la industria publicitaria.

La irracionalidad debería ser, de hecho, el alma gemela de la publicidad y si no está pegada a ella como una lapa es porque comporta riesgo de conflicto, fracaso e incluso humillación.

No es fácil dar esquinazo a la razón para arrojarse en los brazos de la irracionalidad (aquella que es intrínsecamente buena y que tan bien casa con la publicidad), pero le proponemos intentarlo siguiendo los pasos que disecciona a continuación Mick Mahoney en Campaign:

1. Cuestiónelo todo

Los publicitarios harían bien en cuestionarse todo lo que saben. Al fin y al cabo, la sabiduría adquirida no deja de ser aquello que la gente conviene en calificar de cierto. Razón de más para estar abiertos a cambiar nuestra percepción sobre todo (absolutamente todo).

Hace unas cuantas décadas la gente estaba convencida de que fumar era un hábito totalmente inofensivo y hasta saludable. Y la publicidad (que después cuestionó afortunadamente la salubridad del tabaco) se hacía eco sin tapujos de las supuestas bondades del tabaquismo.

Cómo perder la razón (publicitaria) sin pecar de idiota en 4 cuatro sencillos pasos

2. Recuerde que no es lo mismo que todo el mundo nos diga que estamos equivocados y que quien nos lo dice esté realmente en lo cierto

Los seres humanos tienen una predisposición natural a seguir (como ovejas) a la multitud. Y los grupos se acaban convenciendo los unos a los otros de que son dueños de la verdad (absoluta). En torno a los grupos se genera una “ilusión de invulnerabilidad” que condena al ostracismo a aquellos que tienen el valor de sostener un punto de vista diferente (que no tiene por qué ser incierto).

En su aproximación a la “verdad” (inevitablemente voluble) las personas en general y los publicitarios en particular deben odiar el consenso y amar (sobre todas las cosas) la colaboración.

3. Arrójese en brazos del riesgo

El riesgo añade un punto de emoción a la vida (y por ende también a la creatividad). Y además es tan necesario como adictivo. Así lo demuestra la propia naturaleza.

¿Sabía, por ejemplo, que el 10% de las abejas están programadas para ejercer de abejas “kamikazes”? Estas abejas no siguen a sus compañeras, vuelan de manera absolutamente errática y arriesgan sus propias vidas en busca de nuevas fuentes de polen. Y son esas abejas “kamikazes” las que hacen posible la supervivencia de la colmena.

4. No tenga miedo de cometer errores

Los errores (tanto aquellos cometidos en nombre de la vida como los que se cometen en nombre de la publicidad) son valiosas lecciones. Es imposible aprender (y seguir el camino correcto) si no nos hemos topado antes de bruces con el fracaso (hasta sangrar incluso).

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