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Conociendo al "Equipo A" de la publicidad

Conociendo al "Equipo A" de la publicidadLa industria publicitaria no se cansa de repetir que las agencias son tan fuertes como sus empleados. Pero a veces eso no es suficiente. Cuando las agencias se enfrentan a un gran pitch o tienen que aplacar los ánimos de un clientes insatisfecho, a veces a es necesario coger el teléfono y llamar al “Equipo A”.

Cuando hablamos del “Equipo A”, no nos referimos a un grupo de personajes chiflados y estrambóticos, sino a una casta de profesionales freelance especialistas en sacar de apuros a las agencias para luego desaparecer. Eso sí, para contratar a estos mercenarios de la publicidad hay que estar dispuesto a poner sobre la mesa hasta 2.500 dólares al día.

El de los mercenarios de la publicidad suena en realidad como un trabajo de ensueño. No hay ataduras, los salarios son abultados y no hay los “marrones” que suelen estar a la orden del día en las agencias de publicidad. Aceptan trabajos de vez en cuando, llenan sus cuentas corrientes y después pueden dedicarse libremente a sus verdaderas pasiones, unas pasiones que no tienen por qué ser necesariamente publicitarias.

Sin embargo, todo tiene un coste. El “Equipo A” de la publicidad tiene que conformarse con plantar la semilla de una gran idea. No se le permite asistir a su nacimiento. Sus miembros son profesionales en la sombra y tienen asumido desde el principio que los laureles se los llevarán otros. “Son como ponis de feria y lo saben, pero también es cierto que cobran 2.500 dólares al día”, explica el ejecutivo de una agencia de publicidad en declaraciones a Digiday.

Lo mejor de estos mercenarios de la publicidad es que “vienen, solucionan elegantemente los problemas y después se van”, señala otro ejecutivo publicitario. “Son personas que tienen experiencia y que saben exactamente qué hacer y cómo obtener respuestas rápidamente, añade.

A menudo es simplemente objetividad lo que estos mercenarios ponen a disposición de las agencias. Pueden aproximarse a un cliente o un problema desde una perspectiva fresca, sin necesidad de sumergirse en cosas accesorias como la relación con el cliente o las campañas anteriores del anunciante. En ocasiones, las agencias recurren al “Equipo A” simplemente porque quieren dar nuevos bríos a su plantilla interna y “desatascar” sus equipos creativos.

Y para hacer este tipo tarea el “Equipo A” exige por supuesto emolumentos que muchos tildarían de “exagerados”. Normalmente los mercenarios de la publicidad son contratados durante una semana o dos, o un mes o dos meses como mucho. Y es que, teniendo en cuenta sus elevados honorarios, lo mejor y también más rentable para que las agencias es que el “Equipo A” finalice lo antes posible su misión.

De todas formas, y aun desembolsando la friolera de 2.500 dólares al día, nada está garantizado para las agencias, puesto que los mercenarios en los que confían viven y mueren exclusivamente por sus reputaciones individuales. A mercenario de la publicidad no se le permiten segundas oportunidades. Si fallan una vez, su reputación se viene abajo para siempre. Por eso su supervivencia depende en gran medida de su habilidad para proporcionar resultados consistentes.

La vida peripatética que llevan los mercenarios de la publicidad conlleva además otro sacrificio. Son una élite que muy a menudo no tiene trabajo fresco que mostrar al mundo. Al fin y al cabo, invierten todo su tiempo solucionando problemas de otros y tienen muy poco tiempo para ver cómo las ideas que han sembrado terminan de germinar.

Por otra parte, el estilo de vida de un mercenario de la publicidad es muy distinto del de un empleado de una agencia. Su trabajo es a menudo inconsistente e imprevisible. Trabajan bajo mucha presión y rara vez ven el fruto de su trabajo. De hecho, son mercenarios y no pueden estar ligados emocionalmente a las ideas con las que trabajan.

Es precisamente esa separación de las ideas con las que trabajan la que posibilita que los mercenarios obtengan buenos resultados en su trabajo, pero también es cierto que nunca pueden ser los “propietarios” de las ideas que han alumbrado. El “Equipo A” viene, encuentra soluciones de los problemas de las agencias y se larga por donde ha venido. Es la vida de los mercenarios de la publicidad.

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