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Contenido editorial versus publicidad nativa o cómo no acabar en los tribunales

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Ante el cansancio de los internautas y el auge del bloqueo publicitario, la publicidad nativa se erige cual salvación de la industria publicitaria a escala global. El problema en cuestión estriba en que gran parte de los usuarios no distingue el contenido editorial del publicitario, por lo que las autoridades americanas establecieron recientemente una regulación general que atañe a la implantación de publicidad nativa.

La Comisión Federal de Comercio (FTC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos publicó hace escasos meses su informe acerca de la publicidad nativa como alternativa para monetizar los contenidos, según se hizo eco eMarketer.

El documento incluye una serie de recomendaciones que afectan a todas las partes relativas a este tipo de publicidad, editores, anunciantes y medios, especialmente en lo referente a cómo esclarecer a los usuarios que están visualizando contenidos publicitarios.

Atendiendo a que estudios de Research Now resaltan que prácticamente la mitad de los usuarios se sienten «engañados» al advertir que los contenidos a los que accedieron eran patrocinados, las preocupaciones de las autoridades de comercio están más que justificadas.

Y es que todavía los editores optan por incluir la publicidad nativa bajo unas secciones cuya transparencia es, cuanto menos, cuestionable. Un informe alternativo de MediaRadar destaca que la publicidad nativa está encubierta en el 54% de las ocasiones bajo el pseudónimo de «sponsored» o bien «patrocinada», en castellano.

También «promocionado» se advierte en múltiples ocasiones, en un porcentaje similar a las ocasiones en las que los contenidos publicitarios que directamente no se especifican como tales (12%).

Según se conoce ahora, el marco regulatorio está mejorando la situación de la inclusión de la publicidad digital y cada vez más, los editores advierten que incluir contenidos de terceros no solo resulta perjudicial para la experiencia de usuario, sino que asimismo podría ser considerado como fraude publicitario.

 

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