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Cuando las enfermedades las diagnostican los publicitarios y no los médicos

medicinasCada año los hogares españoles se gastan una media de 170 euros en medicamentos, una cifra que se ha disparado casi un 60% en un periodo de apenas 5 años. Pero, ¿qué se esconde detrás de semejante gasto? ¿Se debe todo a que, siendo como somos un país preocupantemente añoso, nos persiguen los achaques y tenemos que atajarlos a base de medicinas? ¿O es más bien que la industria farmacéutica, convenientemente confabulada con los médicos (algunos al menos), nos ha convencido de que debemos consumir más fármacos?

Si hacemos caso de un documental emitido recientemente por la cadena de televisión pública alemana ZDF, la segunda opción podría ser la más plausible. Al fin y al cabo, las a menudo codiciosas empresas farmacéuticas se sacan constantemente nuevos fármacos de la manga y no todos curan enfermedades necesariamente reales.

Y si no, para muestra un botón. La denominada “viagra” femenina, que se comercializa desde hace algún tiempo al otro lado del charco, cura supuestamente la inapetencia sexual femenina. Sin embargo, lo cierto es que originariamente nació como un medicamento contra la depresión que, debido a sus innumerables contraindicaciones, no recibió el visto bueno de las autoridades sanitarias para ser comercializada.

No obstante, el laboratorio que estaba detrás de este fármaco decidió cambiarle el “traje” (gris y aburrido) de antidepresivo por el mucho más de sexy de “viagra” femenina, emprendió una agresiva campaña publicitaria que enarbolada con orgullo la bandera del feminismo y, apabulladas quizás por aquella fenomenal acción “marketera”, las autoridades estadounidenses dieron finalmente su brazo a torcer y autorizaron su comercialización.

¿Lo peor? Que los milagros obrados por la “viagra” femenina son cuanto menos cuestionables y van acompañados de una ristra de efectos secundarios que incluyen mareos, jaquecas, mareos y sequedad bucal. “Los problemas de inapetencia sexual en las mujeres son excesivamente complejos como para poder ser solucionados con una mera pastilla”, denuncia el psicoterapeuta Jörg Signerski.

Los consumidores, cada vez más exigentes (también como enfermos), se han acostumbrado a solucionar todas y cada una de sus dolencias, por leves que sean, con medicamentos y la industria farmacéutica se está aprovechando, con descaro, de su “adicción” a los fármacos, asegura Christiane Fischer, de la asociación médica MEZIS.

Fischer está convencida de que el ramo de las compañías farmacéuticas desarrolla permanentemente nuevos fármacos para nuevas enfermedades que sólo existen en la imaginación de los supuestos enfermos.

En Alemania, como en España, la publicidad de fármacos con receta médica está prohibida por ley. Aun así, la que no está vetada es la publicidad que gira en torno a enfermedades concretas. Se trata, dice Fischer, de informar al público (supuestamente con buenos propósitos) sobre determinadas dolencias que podrían no existir realmente, o al menos no tal como las “venden” los laboratorios farmacéuticos en sus campañas publicitarias. Es, por ejemplo, el caso de las campañas publicitarias (“disease awareness campaigns”) sobre la inapetencia sexual femenina o la denominada, y quizás inexistente, «menopausia» masculina. Hace unos años la industria farmacéutica habría encomendado, de hecho, a varias agencias que pergeñaran una gran campaña publicitaria en torno a la “menopausia” masculina.

Aunque las empresas farmacéuticas y los médicos se defienden y aseguran que no hay mala fe en la profusión de medicamentos para curar todo tipo de dolencias, lo cierto es que cada vez hay más fármacos y no todos son necesarios ni útiles.

 

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