Marketing y Publicidad

Los 'pitches', esa absurda pérdida de tiempo y dinero

D.E.P. "pitches": nadie en la industria publicitaria os echará de menos

En la época de vacas flacas a la que parece abocarnos el coronavirus los "pitches" tienen menos sentido que nunca porque se traducen en costes fácilmente evitables (y sin embargo valiosísimos).

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Autor de la imagen: Vladan Nikolic

En tiempos de recursos más bien parvos, costes laborales al alza y presupuestos publicitarios peligrosamente menguantes la industria publicitaria continúa rindiendo pleitesía a los "pitches" (pese a ser un auténtico sumidero de tiempo y dinero).

A diferencia de en otras muchas industrias, en las que los pseudoconursos de belleza que son realidad los "pitches" son afortunadamente cosa del pasado, en la arena del marketing y la publicidad sus "players" siguen empeñados en gastar presupuestos que en realidad no tienen en esta antediluviana idea (suponiendo que el "pitch" sea pagado, que muchas veces no lo es).

Las agencias invierten pingües recursos humanos y financieros en "pitches" por los que a menudo no son remuneradas (a menos que se lleven el gato al agua). También los anunciantes agotan recursos inútilmente por culpa de las omnipresentes concursos (si bien sus pérdidas no son comparables a los costes que estos ocasionan a la agencias). ¿Lo peor? Que los corrosivos "pitches" son contemplados como algo normal en la industria publicitaria, se lamenta Tobias Phleps en un artículo para Horizont.

Los "pitches", en particular los de naturaleza creativa (construidos en torno a vaguedades y demorados a menudo sine die), son no pocas veces totalmente arbitrarios, queman inútilmente recursos y resultan son carísimos para todo el mundo.

Además, los valores habitualmente esgrimidos para proclamar a los vencedores en este tipo de concursos (la confianza, el compromiso y el ánimo de cooperación) apenas juegan un mínimo rol en la decisión final. ¿Por qué? Porque tales valores pueden ser única y exclusivamente mesurados de manera justa utilizando la experiencia a largo plazo como vara de medir. Es imposible valorarlos en un fatuo "concurso de belleza".

El coronavirus no ha hecho sino dejar en evidencia (aún más) la flagrante inutilidad de los "pitches"

¿Por qué tantos anunciantes eligen quedarse con su agencia de cabecera cuando deciden revisar sus cuentas de creatividad? Porque la conocen al dedillo y, basándose en su experiencia trabajando a su vera, saben que pueden poner sobre la pesa los mejores resultados en el menor tiempo posible y a un precio razonable.

En la época de vacas flacas a la que parece abocarnos de manera casi impepinable el coronavirus los "pitches" tiene menos sentido que nunca porque se traducen en costes fácilmente evitables (y sin embargo valiosísimos): viajes no remunerados, toneladas de trabajo y sobre todo tiempo de vida (para ser vivida en compañía de los seres queridos).

La pandemia del COVID-19 ha abierto por fin los ojos a las agencias y a sus clientes para constatar el sinsentido de pagar billetes de avión y hoteles para participar en "pitches" que se traducen muy a menudo en nulos beneficios para una y otra parte (en particular para las agencias).

Lamentablemente la creatividad no puede entrenarse. Solo es posible aprender determinadas técnicas creativas. Y la creatividad tampoco es un músculo que pueda traducirse en un rendimiento específico. Si así fuera, el éxito de las agencias en los "pitches" no sería producto de la casualidad pura y dura (como resulta efectivamente bastante más a menudo de lo que se piensa).

Y aunque algunos argumenten que de los "pitches" (especialmente de los que se pierden) pueden extraerse provechosos aprendizajes, lo cierto es que tales aprendizajes no compensan en modo alguno el hercúleo esfuerzo que estos llevan aparejados.

Está bien que los "pitches" (tal y como estaban planteados hasta ahora) mueran. Nadie los echará en realidad en falta, concluye Phleps.

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