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El agente 007 celebra sus bodas de oro con el product placement

Si no fuera un personaje de ficción, el eternamente joven agente 007 tendría actualmente más de 90 años. Sin embargo, como Batman o Bart Simpson, James Bond parece haberse tomado la pócima de la eterna juventud y los años no pasan por él. Su imán para los anunciantes también permanece inalterable casi 50 años después del estreno de la primera película del agente 007. El idilio de James Bond con el séptimo arte y, también con el product placement, comenzó en 1962. En octubre de este año se estrenaba en la gran pantalla Dr. No, el primer filme de la saga cinematográfica del agente 007.

En Skyfall, la 23º película de James Bond, el agente 007 será, sin embargo, algo diferente que en entregas anteriores. Por obra y gracia de la publicidad, el viril agente secreto salido de las novelas de Ian Fleming dejará de vender martinis para caer rendido a los encantos de la cerveza Heineken.

James Bond es siempre el mismo, pero sus gustos cambian y lo hacen a merced de la publicidad. Desde que Sean Connery apareciera en Dr. No volando en Pan Am y bebiendo vodka de la marca Smirnoff, la franquicia cinematográfica del agente 007 ha sido siempre el oscuro objeto de deseo de los anunciantes.

Si James Bond conduce siempre un Aston Martin es porque hay contrato publicitario de por medio. Y también lo había cuando se estrellaba contra una valla publicitaria de British Airways en Moonranker (1979), o contra un camión de Perrier en Goldeneye (1995). Igualmente, fue la publicidad la culpable de que en Muere otro día (2002) el agente 007 cambiara Smirnoff por Finlandia Vodka.

Según The Sunday Times, MGM y Sony recaudarán 45 millones de dólares en concepto de product placement en Skyfall, la última entrega de la saga cinematográfica de James Bond. Esta cifra dobla la de Minority Report, que ostentaba hasta ahora el récord en ingresos a través de la fórmula del emplazamiento de producto.

Durante los últimos años, Sony y MGM se han asociado con marcas tan variopintas como Mattel, 7UP, Samsonite, Kodak, Calvin Klein, Sony Ericsson, British Airways, Virgin Atlantic, Ford, Jaguar, Revlon, Rolex y Omega para arropar en el cine al famoso agente 007.

El idilio de James Bond con la publicidad le viene de fábrica, pues su “padre” literario Ian Fleming ya dejó caer algunos nombres de marcas en sus libros, aunque lo hizo, eso sí, sin cobrar un céntimo por ello.

Aunque el agente 007 y la publicidad hacen indiscutiblemente un buen tándem, son también muchas las voces críticas que apuntan que James Bond ha perdido su esencia en su afán por lucir marcas en sus películas. En Casino Royale (2006), por ejemplo, hay escenas en la que todo el protagonismo parece estar, y no por casualidad, en el reloj Omega que Daniel Craig luce en su muñeca.

¿Será Bond menos Bond bebiendo cerveza en lugar de vodka? David Black, presidente del Club Internacional de James Bonds, cree que sí. “Creo que está bien, aunque la cerveza podría hacerle ganar unos cuantos kilos”, bromea Black en declaraciones a Business Week.

 

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