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El (in)sano negocio de la publicidad alimentaria

comidaVivimos en un mundo en el que nos bombardean con publicidad. Anuncios de televisión, radio o prensa, publicidad en internet, carteles y así un largo sinfín de plataformas y soportes a través de los cuales las marcas quieren crearnos la necesidad de que realmente necesitamos un determinado producto.

El sector alimentario es uno de los mayores protagonistas de la publicidad que nos llega a diario. Para hacernos una idea y tal y como informan desde ElDiario.es, una persona ve de media hasta 3.000 anuncios al día aunque no seamos conscientes de la gran mayoría de ellos. Si la cifra le parece abrumadora debe saber que en la publicidad el arte del engaño está más presente que nunca. No todo lo que vemos es mentira, pero sí nos venden un gran número de verdades a medias. Y aquí, la publicidad alimentaria, es la estrella.

Ben Goldacre y Michael Pollan denuncian en sus respectivos libros, "Mala Ciencia” y “El detective en el supermercado”, que vivimos en una sociedad en la que se ha impuesto el concepto de “nutricionismo” y éste nos está llevando a lo que denominan como una “medicalización” de los alimentos. ¿Qué significa esto?

Significa que la publicidad se rige por la máxima de crear en el consumidor una necesidad. Tratan de convencernos de que para llevar una vida sana no basta con cuidar nuestra alimentación sino que nos confunden con cientos de productos bajos en calorías, lights, con decenas de aditivos y complementos que ni intentamos descifrar bajo el concepto de “prevención”. Es decir, en muchas ocasiones este tipo de publicidad convierte en enfermedad algo que no lo es y no sólo tiene repercusiones en nuestra salud sino también en nuestro bolsillo.

Según datos de la CEACCU este tipo de productos pueden costar hasta un 200% más que sus homólogos “normales”. En cifras, la industria de los alimentos funcionales consiguió cerrar 2011 con unas ganancias superiores a los 2.900 millones de euros haciéndonos creer que realmente son buenos para algo, cuando lo cierto es que generalmente basta una alimentación adecuada para gozar de buena salud y la inmensa mayoría de estos productos no reportan ningún tipo de beneficio a nuestro organismo. Pero ¿cómo nos manipulan?

Técnicas como el Photoshop ya son todo un clásico en este tipo de publicidad pero vayamos más allá y hablemos de engaños más complejos. Estamos hartos de que nos vendan productos que contienen elementos como Bifidus o Lactobacilus pero lo cierto es que EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) ha rechazado la gran mayoría de los supuestos beneficios que este tipo de productos tienen sobre nuestra salud.

Seguro que ha oído en infinidad de ocasiones la frase “ayudan al normal funcionamiento del organismo”. Lo que realmente ayuda al organismo es comer variado ya que todos los increíbles suplementos que nos ofrecen este tipo de productos los encontramos en los alimentos que comemos. Es el caso de por ejemplo los suplementos vitamínicos. ¿Sabía que según los datos de la FDA (Agencia americana de Seguridad en alimentación y medicamentos) más de 6.300 personas han sido hospitalizadas en EEUU por hipervitaminosis en los últimos cuatro años?

Estos son sólo algunos ejemplos de los cientos de engaños con los que la publicidad alimentaria puede camelarle y lo único que como consumidores podemos hacer es recuperar el espíritu crítico a la hora de escoger los productos que componen nuestra dieta, leyendo detenidamente el etiquetado y, sobre todo, no se crea todo lo que le intentan vender.

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