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El porqué de la metamorfosis de la publicidad en "fast food"

fast foodEn el principio de los tiempos había una hamburguesa (jugosa y de carne 100% vacuno). Después Dios tuvo la ocurrencia de crear McDonald’s. Y sorprendentemente a la gente le gustó. ¿Por qué? Básicamente porque las hamburguesas de la famosa cadena de comida rápida eran irresistiblemente baratas (que no sabrosas).

Sin embargo, el tiempo pasó y las hamburguesas de McDonald’s y otras cadenas de comida rápida se convirtieron en la norma. ¿La consecuencia? Que la calidad de las hamburguesas se desplomó de manera dramática. Lo de ofrecer hamburguesas baratas y de buena calidad es imposible desde el punto de vista de la sacrosanta rentabilidad.

En su día asistimos a la metamorfosis de las hamburguesas en “fast food”, pero como la historia siempre se repite actualmente estamos viviendo en nuestras propias carnes otra transformación, la de la publicidad, que despide cada vez más los grasientos y poco apetecibles aromas del “fast food”.

La publicidad solía ser bastante cara. Las revistas, los diarios, la televisión y la radio tenían a bien cobrar precios bastante elevados a los anunciantes por el privilegio de “incordiar” a sus audiencias. Ahora hay, no obstante, una alternativa.

Internet ha hecho que la publicidad sea mucho más barata. Las marcas pueden comprar anuncios en webs, en Facebook o en Twitter por apenas un puñado de céntimos. Actualmente contamos con una alternativa “low cost” a los medios tradicionales.

¿El problema? Que esta alternativa “low cost” está recortando peligrosamente la calidad de la publicidad.

Las agencias de publicidad competían antaño por echar el lazo a gente talentosa que satisficiera las altísimas expectativas de clientes que estaban invirtiendo al fin y al cabo muchísimo dinero en los medios de comunicación. Hoy en día los anunciantes que se gastan apenas unos céntimos en la red de redes no tienen lógicamente expectativas tan elevadas como hace unos años, explica Bob Hoffman en su blog The Ad Contrarian.

Está claro que siempre ha habido publicidad mala, pero resulta complicado rebatir el que es ya un secreto a voces: que la calidad de los anuncios ha emprendido una peligrosa cuesta hacia abajo en los últimos años.

Y cuando el trabajo de las agencias de hace cada vez más trivial e insustancial, el talento que trabaja allí se hace también cada vez más intrascendente.

Arrastradas por los bajos precios de la publicidad online, las agencias están apostando cada vez más por los talentos mediocres.

Afortunadamente todavía hay grandes talentos al servicio de las agencias de publicidad, pero son ya una excepción de la norma. Es lo que trae consigo la mutación de la publicidad en “fast food”.

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