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Es hija de los robots, pero la publicidad programática es personal (y humana)

robotsDurante años a la publicidad programática le colgaron el "sambenito" de ser (supuestamente) impersonal. Sin embargo, con la ayuda de las nuevas tecnologías, esta fórmula publicitaria puede ser también el colmo de la eficacia sin perder el necesario contacto personal (y humano) con el consumidor.

Lejos de lo que pudiera parecer, la publicidad programática no es tan fría e impersonal como las máquinas que la hacen posible. Es más, dota a la publicidad del contexto necesario para conectar de manera creativa (y relevante) con el público objetivo.

En términos de branding es imprescindible apelar a la confianza del consumidor y eso sólo se consigue mediante la comunicación personalizada, una comunicación personalizada que gracias a la publicidad programática (y a todos los datos del cliente que obran en su poder) es perfectamente posible.

La publicidad programática pone en manos de los anunciantes una ingente cantidad de datos de terceros que les permiten dar forma a mensajes que se ajustan como un guante a los deseos y necesidades de su público objetivo.

Con estos datos en su haber, los anunciantes alumbran mensajes que, por su contenido, son verdaderamente relevantes para el consumidor y conectan con sus deseos y necesidades más íntimos. Pero la “magia” de los datos no termina ni mucho menos aquí.

Gracias los datos que forman parte de la fenomenal maquinaria de la publicidad programática, los anunciantes pueden elegir el momento y el contexto más adecuado para hacer llegar sus mensajes personalizados a la audiencia. ¿Que el público objetivo se conecta habitualmente a su ordenador portátil por la mañana? Pues entonces la publicidad programática se abrirá hueco en el ordenador portátil del consumidor por la mañana. Así de fácil.

En la nueva era digital el consumidor se desenvuelve en varios dispositivos diferentes simultáneamente. No obstante, seguir la pista al denominado “customer journey” es en realidad más sencillo que nunca gracias a los datos. Y utilizando como “muleta” esos datos, los anunciantes pueden medir en tiempo real la eficacia de la publicidad programática y hacer, por lo tanto, los ajustes necesarios en sus campañas.

El éxito de la publicidad programática, la personal (no la impersonal), echa raíces en los siguientes tres pasos:

1. Fíjese objetivos programáticos adecuados
Decida qué métricas son relevantes para su marca y establezca unos objetivos. No se olvide tampoco de determinar qué grupos de público objetivo son más importantes para su marca.

2. Familiarícese con la recopilación de datos
Investigue las fuentes de las que brotan los datos de los clientes que le interesan a su marca y tómese la molestia de anonimizar tales datos.

3. Examine y haga ajustes en sus campañas
Combine datos propios y datos de terceros en sus campañas para hallar el equilibrio perfecto en la comunicación con el cliente.

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